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El "rapto" de Proserpina

Era de esas diosas que son, digamos, buenas… Que no son malas.

La vida de Proserpina era un pasar entre bailes y risas de ninfas, coger flores y jugar como para todo humano debiera ser.

Una vez, por verle triste, Venus le envió a Hades a Amor, Cupido, con el carcaj bien rellenito para darle alegría. Hades pilló el buga y salió arrollando el mundo y se encontró a la inocente Proserpina a la que raptó como no pudo ser menos en la mitología y más viniendo de Hades: No podía ser por las buenas.

La mamá de Proserpina que no la dejaba salir con extraños, preocupada, la llamó al móvil, pero aparecía como apagado o fuera de cobertura. No pudo encontrarla y la desesperación hizo que desdejase su trabajo. A poco dejaron de crecer las plantas y no nacían flores. Antes del rapto de proserpina el mundo era contínua primavera, seguido verano, frutas maduras y brevas para robar. Después de que Ceres perdiese su hoz y dejase su huerto, el mundo era frío. El mundo era gris y pardo, la vida decaía.

Se dice que durante el secuestro Proserpina y Ceres se entristecían mucho. Se dice que la fueron a buscar con tanto ahínco para que Ceres no dejase morir de pena el mundo que hasta el mismo Ivs Júpiter tuvo que intervenir enviando a Mercurio a ver a Hades y negociar una vuelta de Proserpina. Hades le echó droja en las semillas de granada que le daba de comer.

Estos romanos están locos: creían que la granada daba la fidelidad cuando, hablando de mujeres, la fidelidad no se da.

Total, que como es un mito, lo de la granada funcionó y Proserpina pasó a ser de Hades sólo tres meses al año. Se pasaba el resto del año en la casa de su madre, el mundo, que se adornaba de todos los colores para recibirla y se pintaba de marrón, que era el color favorito de Proserpina, para despedirla cuando volvía a vivir con su marido Hades.

Así Ceres, así el mundo, así todos pintamos la primavera para recibirla y preparamos la fiesta del otoño para despedir a Proserpina que se va como la inspiración, como el calor, como la felicidad. Que se va rápida como el tiempo, corta como la juventud, triste como la vida y segura como la muerte. Nos deja secos y marrones, nos pinta de gris el paisaje y la barba de blanco.

Proserpina se va, como cualquier mujer se iría, a vivir con Hades, a cuenta de cuatro miserables gajos de granada.