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Dafne o el recuerdo.

Discutió Apolo con Eros sobre el poder de sus flechas y este, que tenía un pronto que pa qué contar, apartose un tanto, deslizó una flecha de su carcaj, tensó el arco y ¡zas!. Además se imagina uno el Carro de Apolo mal aparcado en medio del cielo mientras discuten de fubol, o la virgen.

Apolo contagiado de amores persiguió a Dafne. No todo acaba en perseguir ni encontrar. El perder el juego va en tener objetivo y no conseguirlo. A Dafne que no tenía nada que ver en la discusión pero servía como hipótesis de trabajo para demostrar el poder de las flechas, Eros le disparó una flecha de frío y triste plomo que provoca el desprecio en quien la recibe. Entonces Dafne intentaba escapar de Apolo. Estos dioses tenían de todo, entre ellos había dioses de los ríos, como Peneo.

Dafne se llegó al río Peneo huyending y plegó a su dios quien para hacerla escapar definitivamente la convirtió en recuerdo.

Al llegar a ella, Apolo, no pudo más que ver la metamorfosis, vio como la pálida piel de Dafne se convertía en brillantes hojas, sus pies en raíces y sus brazos en ramas. El laurel, para Apolo, desde entonces fue sagrado, era lo que quedaba de Dafne para Apolo.