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No hay derecho

La viuda estuvo un rato diciendo a los que la contemplaban que no hay derecho. No hay derecho a echar la vida entera trabajando, hasta unas semanas antes de morir. No hay derecho a vivir sólo cincuenta años.

Bastante, me decía yo para mí, bastante puta es la vida como para pedirle derechos. Bastante zorra es la muerte a la que todos pertenecemos. Aun así estábamos allí todos, dando sombra al ataúd, fuera de sitio porque la muerte era para otro y no para nosotros. El cuerpo aun caliente, muertito de las dos. Fresco para la familia que lloraba. Me fui de la sala, no soporto la presencia de la muerte.

Si estábamos fuera de lugar y de tiempo, si habíamos dejado de existir. Si el dolor había cejado hacía tres horas. Había uno por allí que a todos nos admiraba ver y todos comentamos lo mismo. Qué suerte tiene hoy Felinos, murmurábamos, que parece que no se entera de que su padre este muerto.