¡No asustarse!... El bien, el mal...
Lo importante es no asustarse. Nunca una sospecha fue fundada, nunca el miedo puede parar a alguien. Lo que cuenta es conocer y no suponer. Si una cosa puede hacerte sonreir, hacerte vivir un poco más: Hazlo, sólo porque merece la pena pasar por ello antes de pensar que la pena venga después porque, no lo sabes. Quizá sea pena, quizá lo pases mal pero el minuto de pensar que quien te mira quiera realmente verte. Que la mano que te toque quiere realmente tocarte...
Todo eso de que te miren, que te vean, que el deseo sea real sólo lo piensa quien piensa. Los que no piensan no temen al temor. Quien no tiene miedo vive sin mas lo que otros no llegan a sentir por miedo antes de entrar. Quien teme vive más intensamente porque piensa si es real el mundo, si ese ojo que te mira te ve, si sabe lo que sientes...
Y ay, ay de la vida, que en un texto anterior me faltó un ay que tenía pensado.
Ay ninfa que no has nacido, no me leas, no comprendas lo que escribo pero, al verlo, sabe por qué lo tengo que escribir. Conoce mi causa y mi fuero que es la máquina que excava la cuesta abajo que guía el camino de mi derrota. Eso, si es que las derrotas implican camino para alguien que no hace nada más que perder, asustarse, temer, esconderse, no vivir, no haber vivido. Y cantar, gritar, las penitas que no son ni mucho menos desgracias, llorando palabras.
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Nescit vox missa reverti.