Luego discutiríamos pero, como siempre, estaba templando nervios para abrazarla en cuanto la viera. Con eso cumpliría mis deseos aunque me denunciase, auque del primer manotazo rebentase mis labios, aunque todo terminase ahí y la vida declarase cuesta abajo en todas las señales.
Salú, me dije, salú, otra vez.