Hay un lugar en el mundo donde en invierno no llueve de memoria y en verano nieva de abundancia. Donde cada día es navidad en el cielo y cada nube de azucar nace de hilos de algodón.
Este lugar tiene de nombre una fantasía, de dirección, un poema. Cada rima una alegría y cada trago de sabor es un minuto que ganamos al reloj porque allí nunca avanza y nadie quiere que pare.
Las raices brotan del suelo y cogen fruta para nunca medrar, para siempre moverse quietas llegando, cogiendo. Madura la fruta a la luz de una vela con forma de luna, con forma de fe y de calor. Una vela de barco que trae sin cesar llegando, corriendo.
Hay un lugar en el mundo donde sólo vivo yo conmigo y no hay nadie mas pero es tan perfecto que nada tiene sentido.