Leyendo por ahí, escuchando por esos mundos de allá afuera, puedo ver que lo mío no está muy lejos de ser de lo común. Cada cual se tapa sus agujeros con la masilla que se puede pagar y si yo pudiera tendría ventanas con vidrieras de diamante incrustadas en platino. Asçi las oyendas que tengo oidas, y digo oyendas porque si las leyese serçian leyendas... Las oyendas hacen al humano como un perro grande que camina con dos patas cuando puede. Como un gato o un grillo. Como un estornino que canta a la luz del foco del campanario cuando no tiene sol al que cantar.
Los humanos van ciegos por el mundo, cojos, sordos, aunque tengan diez dedos sçolo usan tres y aun esos tres los malogran en perderse.
Deidades, vemos en sombras y la luz que nos lleva la desdeñamos por un no se quçe otro poder que tiene el neçon y la vanagloria. Oçi por ahçi que la vanidad es arrogancia con buena educaciçon o quizça que el orgullo es a la nobleza lo que la racanerçia a la riqueza. Lo que la presunciçon a la inocencia... Lo que el desengaño a la verdad.
Asçi nos va, asçi me va.
Yo que no me miro al espejo ni para afeitarme y me saco esos filetes de nuez y de barbilla dejando todo perdido de sangre. Que pierdo esos cinco minutos a la semana en pasar una cuchilla muy bien afilada y a toda velocidad rascando el contenedor de mi sangre y la de dios para detener las hemorragias. Y me afeito los dçias que empiezan por "s".
Yo que corto el pelo para no peinarme, que compro la ropa oscura para que no me vean, para no escoger, para ir siempre igual, para, !quçe se yo!
A mi me van a decir que quçe elegante voy... tçocate los gÇuevos, dije yo, voy lçimpio que ya es muchçisimo mças que lo que van algunos.
Quçe mundo dios... las que tienen que servir...
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O quam cito transit gloria mundi.
O quam cito transit gloria mundi.