veía mis pasos resonar en los edificios y hasta las farolas hacían eco, burla del son de mi ruido. mi respirar, mis latidos se veían claramente en una imagen caleidoscópica mezclada con el ruido de las farolas, el color de las voces y las manchas mortecinas que dejaban los coches al pasar.
ningún callejón parecía oscuro y la nube que otras veces era migraña, pasaba esta por un colorido telón de feria, un pintado cartón tras el cual esperaban los actores de mi dolor que esta vez no iban a aparecer.
al poder dormir, seguía despierto y los sueños eran reales en un mundo imaginado. podía pensar a pesar de saberme muerto, durmiendo. nada era real y todo lo parecía hasta el punto de engañarme. pude escuchar cómo sonaba la luz al apagarse y ese instante duró minutos que parecí vivir dentro del final de a day in the life the los beatles. cada imagen era un ruido y la luz tardaba en irse de la estancia mientras podía escuchar un remolino de ruido, de instrumentos, de voces del pasado cayendo en ese agujero de oscuridad. voy a morir pensé, todo se acaba aquí. De repente la oscuridad. De repente el silencio y despertar.
la lucidez era lo mismo que la sombra, todo era color, dolor, pesar, fantasía. todo era no poder dominar lo que sientes, desbordarte en pasión y en pesar. Pensé que habrá quien pueda dominar ese monstruo y hacerlo suyo para cabalgar a lomos de un dragón, de una bestia tan poderosa. imaginate querer volar y poder volar. imaginate, me dije, tener el poder de la mente a tu antojo y que, aunque no en el mundo real, puedas sentir lo que no sientes. un precio impagable. una vida mejor.
sentime dormir y seguir despierto, desazón por no alcanzar ya un sueño sin imagenes, no saber cómo salir de aquello aunque no querer que acabase pero sí que cesase el impulso de seguir.
desperté y pensé si se podría pasar por eso sin pensar en miedos y miserias, más en alegrías y en idílicos vivires. quizá se pueda. quizá no.
no se si volver a intentarlo.
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O quam cito transit gloria mundi.