Con el sol a la espalda caminando en la sombra de un monte sin poder alcanzar la luz que ya se aleja.
Cómo corre el sol, el día. El tiempo, cómo se escapa.
Qué prisa tiene todo y todos. Qué impaciente es la vida en irse.
Y al paciente no le queda más que caminar y esperar.
Pasa un tren a lo lejos y un avión en lo alto. El uno hace el eco por este valle donde nací y seguirá cuando yo muera, aun no se donde. El otro no suena, sólo va, y desde aquí abajo no se sabe a donde. Creo que su estela apunta al oeste donde el sol se ha puesto ya mientras escribo.
La luna asoma casi llena y enorme por efecto de la lente del cielo en el que solo hay aire.