No digo que me haya quedado prendado de esa mujer pequeñita de pelo corto que vi hoy en la cafetería donde tomamos el café, con esos ojos grandes, tristes, el pelo corto castaño que daba ganas de agarrarse a él y no soltarlo con esa forma extraformal de vestir sin elegancia pero de preciosísima timidez...
Digo de esta canción de esas que llaman napolitanas y que tiene, quizá, más de un siglo de existencia. La escuché en una versión moderna retro, hecha al más puro estilo de banda de instrumentos caseros y hasta ahora no he encontrado ni la original ni una sola versión que no sea el desparpajo de la alegría:
Señoa mía, como todas, vuelve mañana que ardo en deseos de verte, aunque sea de reojo.