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Donde quiera que estoy me llaman el extranjero

Supongo que es innato en mí. Soy así de tonto. Allá donde se mueve un trapo voyme de cuernos contra la pared que haya detrás.

Hoy soslayé a quien dirige la práctica final que tengo que entregar para el curso, que tengo tratos con otra empresa al respecto de la programación móvil y que eso va contra las cláusulas de mi contrato en la empresa. Literalmente dije: "si váis a vender algo de esto, tenemos que hablarlo porque estoy metido en otras movidas parecidas".

No creo haber pecado más que de ingenuidad. Quiero decir que es buena voluntad mía el comunicar a la empresa que puedo entrar en conflicto de intereses en lugar de aprovecharme de la situación y enfundarme dos aplicaciones a la vez en el currículo y que luego me quiten lo bailao. Que hay gente chula, muy chula, luego estoy yo y luego está el caradurismo. Zona esta última que aparece ante mí con una señal de calavera y su par de tibias cruzadas donde, creo, nunca haber estado en estos términos.

Creanme, queridos lectores, por más que uno quiera, no sabe levantar un tapacubos cuando uno sabe que desde que en la primera curva del mundo desapareció uno se inició aquella diferencia de potencial que hace desaparecer sin concierto un electróncubos de un coche y aparecer en otro por efecto de la mágia del no ver y no padecer. Así tampoco entiendo cómo la gente se gasta dos kilos de pelas en un coche y no dos kilos y cincuenta mil más en no tener que preocuparse más que de limpiar unas llantas... Cosas veredes...

Sería, como decía, incapaz. Uno es, como dice la canción, de esos a los que les explota el corazón como a un niño ladrón de tan sólo pensar mal. De sólo pensar que otro piensa mal. Y cuesta enfrentarse al día a día sabiendo, porque uno sabe más que cree, que el otro tiene mejores armas. Y uno tiene que buscar la cuña como el viento que tira montañas, como el mar que gasta continentes, recovecos y líneas de trinchera en la arruga de una palabra que pueda puyar (¿puyar es un verbo?) al enemigo. Viviendo en ese camino donde todo es enemigo y nunca agua fue potable ni pan se tropieza que no lleve veneno o sea de harina vieja.


Y, ¡ay!, que respondieron tomando la cosa a mal, como no podía esperar menos de una empresa. El tema principal de la respuesta fue ese de para esto te pagamos y no puedes pedir más. Largo et cétera. Siempre sale la pasta, como si uno la pidiese. Sin problema, oye. Si creen que cobro mucho, yo no. Por creer, hay gente que cree en dioses y en monstruos, como si de eso no hubiese suficientes manchando la tierra. Aquello tan manido de tu contrato dice y la empresa quiere. Jaja.

Respuesta de "el Nota":
Hablo de la exclusividad porque, por contrato, entiendo que no puedo hacer competencia a La Empresa en nada de lo que haga para otros aunque, de momento, no cobre por ello. 
No se a qué llamáis actitud ni aptitud viendo lo que tengo visto. Pero bueno. Tomo la palabra esa de que mi jornada acaba a las seis. Era algo que tenía muchas ganas de ver escrito.

Muchas gracias. Salú.
Así que, valiendo de precedente y per etiam, el Yayo empezó a apagar máquinas a las seis menos cinco, para poner zanca en la acera mirando a la bahía de Santander a las seis en punto como Dios, de haberlo, manda.  Cosa que piensa repetir mañana, pasado y al otro. El viernes no, el viernes madrugaré un tanto para salir a las dos y pico en vez de a las tres y poder irme a España, que empieza como todos sabemos, en Vega de Anzo.

Pues haya salú, ya que no hay dinero ni amores, y menos esfuerzos que te los tienen en cuenta dándote por el culo aunque sea sólo metiendo la puntita, que duele menos. Quizá hacen mal en doblarla antes.

Porca miseria