
Ah... El iluso...
Ah... El pan nuestro de cada día.
La vida es teatro, decía. La vida es teatro: Sales a la calle y antes de dar el paso que te despega de tu portal miras a la izquierda para irte a la derecha... Cuanto más me fijo más lo veo en la gente, hacen eso. Para coger una copa lanzas tu mano a la afuera como soltando arremango suficiente, como anteponiendo la intención al gesto.
Recuerdo empezar entonces a relacionar este comportamiento a muchas cosas de la vida y a las narraciones de las películas o de las historias.
La vida es teatro nos decía aquel actor cuando yo estaba en segundo de BUP. Y por vida de… Que razón llevaba el condenado. Premios he visto en los periódicos que le han dado a este señor a quien reconozco vagamente en mis recuerdos comparando contra las fotos de las publicaciones. Siempre me digo, sí, creo que era este. Aunque ya no me convencen sus palabras como me convencían entonces. Ya no me convence nadie como me llenaba entonces cualquier dicho en latín que, para esas cosas, suena más alto.
Así es la vida. Así es el cine. Ocurren cosas que se repiten o que, de alguna manera, te ponen delante lo que te viene encima para que lo vayas viendo. La nuestra de cada año no es más que un preludio de todos los achaques que nos va a traer la vejez. La necesidad, el respirar, el que la vida se mueva por la falta de, no es si no el anuncio de que el final es fijo y sin remisión.
En las películas, que es lo que más veo, se usa esta repetición, este anunciamiento de un recurso futuro como si de la vía del tren que encauza la historia se tratase. Uno no lo puede evitar, pero lo intenta. Uno intenta abstraerse de lo que ya sabe de la historia por la prensa y anuncios varios para llegar a cada momento de la película con la misma emoción que tendría si pudiera verla hoy como cuando tenía catorce o quince años y aquella mocina que actuaba se le quedó mirando para soltar su monólogo que decía… Qué importa… Tampoco me acuerdo, pero se que su director decía que la vida es teatro, hasta cuando contamos historias reales mentimos algo, exageramos o metemos morcillas para hacerlas más graciosas, más tristes, más emocionantes en fin.
Ese preludio de la acción, se nota, a veces, tras repetir un visionado. Indiana Jones aprendía griego de niño y se confundía de letra para escribir Jehová… El T1000 de Terminator 2 mira con algo de sorna un maniquí de color metálico en la escena del centro comercial cuando aún no habíamos visto nada… O mejor aún, en Robocop cuando uno ansia por ver cómo ha quedado el nuevo Frankenstein y lo único que le dejan ver es un monitor por el que pasa como un flash…
Acabo de ver Qué verde era mi valle y en cuanto ocurrió el primer accidente en la mina pensé que ocurría por algo y que no se quedaría ahí la cosa… Cuando dos hijos se van a las Américas… Todo está puesto por algo. Todo está pensado por algo. El velo vuela en la boda de la pelirroja por algo.
Esta semana he perdido una ilusión, como siempre. Me he despertado de un sueño que tenía. Vivo de ilusión, es recurrente, tenía antecedentes. La vida es teatro, lo se desde entonces y aun no acabo de verlo como debiera.
Fue teatro aquella vez y lo será siempre porque aquello no era más que el preludio de lo que la vida iba a ser, la vida que me niego a creer, el mundo que han construido a mi alrededor y que no es más que atrezzo. Una luna de papel colgando sobre un mar de cartón. Algo increíble, algo que nadie podría tragarse.
Uno se niega a pensar que el mundo esté hecho así y que a uno le nieguen sus sentimientos como si fuesen cosa mala, supina idiotez. Me equivoqué aquella vez, no me he vuelto a equivocar desde entonces, sólo es que no veo lo que es el mundo si no lo que yo creo que es. Creo que hay Luna y Sol. Creo que hay una vida aquí para mí.
Creía en ti y no puedes negarlo porque para mí era cierto. Era cierto, pues, era lo único real del mundo. Era mi hecho, mi proís en la realidad.
Sigo viviendo así, por mucho que la historia se vaya a repetir, por mucho que me vaya a castigar otra vez. Por mucho que aquellos engaños que negabas vayan a ser el pan que como cada día, vivo de ilusión. Me busco ilusiones, es lo que tengo, es lo que hay para mí. El mundo real ese que os traga no me llama lo más mínimo, es sucio y mentiroso, está lleno de trampillas para escaparse y, desde ahí, las paredes del mío son deleznables y apuntaladas por maderitas que apenas equilibran su propio peso. Pero qué es de un día sin ellas, un día sin sol, uno sin ilusión, uno sin teatro…
Creo que… Sí… Puedo decir que yo… Yo vivo del teatro.