De la vez aquella que me metí a gastar bromas por teléfono.
Hacía tiempo que quería escribirlo. El archivo sonoro no tuvo mucha distribución porque uno no tiene ganas de que le echen del trabajo y, además, se usaban muchos nombres reales.
Algunos de vosotros, queridos lectores, ya conocéis la grabación que hice con mi Zen Micro y un teléfono con manos libres. La cosa está en que no sabéis que toda la broma fue completamente improvisada y lo único que tenía apuntado era el nombre de la empresa, el nombre que yo me iba a poner y el nombre del pavo. El pavo es J… Pero su apellido, en aquel momento de nerviosismo, me parecía imposible de recordar. Tanto es así que la primera llamada que hice me confundí hasta de empresa y dije Rep… por decir Iber… y D… me puchó por ello, así que hicimos como que colgaba y volvía a llamar.
Tres minutos antes D… y yo hablamos de gastarle una broma en su último día. Dije, me voy aquí al lado y digo que soy el manager del proyecto ese que entregasteis y lo pongo a parir. ¿Qué hacia J… ahí?... Joder, tio, los informes que llevamos un mes a vueltas con ello… Hostias, ye verdá. Venga, va, llámote a ti y pásasme con él.
Total que como llamaba alguien de Madriles me pareció buena idea que tuviese medio deje gallego y que la voz fuese gutural grave, cuarentón regordete. El nombre Ricardo Morrión me salió del alma y el título “Fooling Manager” fue completamente improvisado aunque me pareció bien la picardía de decírselo rápido y seguir hablando para que ni se diese cuenta de que se la acababa de meter doblada, aunque esperaba que me conociese la voz y dijese algo de lo de “fooling manager”. Así me quedé con la primera voz que ensayé unos 10 segundos antes de marcar…
Hola, soy Ricardo Morrión y soy el “fooling manager” de Ib… A lo que J… me contestó “Si, si, dígame dígame”… Tan seguro le ví que hasta me paré un poco y solté un “Eeeeh…. Mmmh…” Porque de verdad me esperaba que me cazase con lo de “fooling manager”.
J… Dentro de mis cabriolas y gritos, se portó como un campeón profesional y en ningún momento me mandó a la mierda como debiera cuando me eché a gritarle o cuando le dije que el sábado a las once le quería aquí en Madriles. Se le vió asustado, viéndose en Madrid a primera hora del siguiente día aunque su renuncia era ya efectiva desde las tres de la tarde.
Al llegar a mi sitio no podía parar de reirme, sacamos el fichero del mp3 y a distribuir por correo a toda la línea.
J… Me pagó todas juntas por no poder tener fotos suyas para hacer algún montaje como los que él hacía… Hasta reconoció que “hubiera sido menos vergonzante”.
La verdá… ¡Qué cabrones fuimos!… Sobre todo yo.