Como aquello del deja vú o como cojones se escriba, es el efecto Baader-Meinhof. Consiste en que en cuanto aprendes un nuevo concepto todo parece coincidir con él. No es más que una puta casualidad, pura coincidencia, tres caras seguidas de una moneda... Debe de ser el equivalente en el recuerdo, en el conocimiento consciente a la pareidolia de la percepción. Así los supersticiosos alimentarán sus refranes y así los religiosos (si es que no es redundante decirlo) podrán afirmar que tanta casualidad es cosa de algún Dios.
Es como la lluvia de desgracias del refrán que se dice que nunca vienen solas. Imaginate, querido lector, que aquella jarra en las manos de Pandora venía en el lote de regalo a los hombres por haber robado Prometeo el fuego a los dioses. El fuego sería el conocimiento, el árbol de la ciencia, del bien y del mal. Pandora, que fue creada por Hermes para este castigo corta de miras y hay quien dice que hasta mal intencionada, imaginate destapa esa jarra con un hecho aislado y tonto que hace que al minuto cielo, mar y tierra se llenen de dolor y desgracias para los hombres.
Un relato típico es que nunca te hayas fijado en la publicidad de cierta marca hasta que llegas a conocer a alguien que trabaja para ellos. Entonces parece que llueva el logotipo de esa marca. Me ocurrió cuando empecé a trabajar para ING, hasta me conseguí uno de los posters que embutieron en no se qué revista y lo pegué en el despacho... Hartitos estabamos de la musiqueta, de los anuncios de la radio, de los carteles en las calles...
Así también ocurre con el pasado. Hay pasados y pasados. Hay cosas para recordar y dolores imposibles de sacarse de encima, estos dos estan en la parte no borrable del disco ^^. Uno los entierra. Uno se crea un caparazón, una pila de estratos sobre cada uno, quizá de aquellas sales algún día salga una perla. Por ahora hay que aguantarlos.
Mientras, está ese largo proceso que sólo el tiempo cura. Sólo la paciencia para no abrir la ostra antes de tiempo nos podrá dar el preciado objeto que buscábamos, una buena digestión, una herida bien cuada, una cicatriz, una perla para el hilillo que tenemos y que nunca podremos ver terminado. Un, en fin, buen recuerdo o, cuando menos, liso y laso recuerdo que podamos interpretar con calma y tranquilidad.
Pues en este proceso ocurre igual. Hay un momento cada hora de cada día en el que un olor, una melodía, una voz o una estúpida palabra escrita te recuerda el granito de arena que más te molestaba en las entrañas... Y de repente cada recuerdo es aquel recuerdo u otro relacionado con aquel. Subes la música, pierdes la cabeza en otra parte o tarareas la melodía de los pitufos para no recordar, para evadir las desgracias. Al fin puede que te centres y trabajes, leas, sigas conduciending... Puede... Sólo puede... Y hasta la próxima tormenta.
Es lo mismo que aquella maldita primera mujer del mito grecorromano. Recibió la urna o caja, que aun hay discusión sobre los significados, y la tonta del culo la abrió dejando escapar todos los males del mundo. Por rápido que colocó la tapa otra vez, no pudo más que salvar los posos de todo cuanto allí había.
Aun con estas, con los males del mundo sueltos. Contentísima de la vida, corrió a los hombres y les entregó el presente de los dioses diciendo:"Aún queda la esperanza". La muy hija del gran Hermes.