Pobre Robinsón Crusoe, dónde estás, dónde has estado.
Pobre Robinson Crusoe que alejado del hombre rezabas para ver la mano de un amigo, para oir una voz cuyo murmullo estabas a punto de olvidar. Plegabas a tu dios que no existe para que alguien acompañase tu soledad…
Pobre Robinsón Crusoe que cuando vino el hecho tan esperado y viste cruzar en tu camino una huella humana no hiciste más que temer y esconderte. Pobre Robinsón Crusoe que ahora te ves abatido y solo, temiendo al ser del otro, que era cuanto más pedías.
Y qué si fue así y qué si pudo ser. Qué eran aquello más que huellas en la arena, más que espumas de las olas. Qué eran más que castillos en el aire. Qué más que tigres de papel. No fue más que un sueño, que era tuyo y sólo tuyo. Real sólo para ti, más real que el suelo, pantomima para el mundo que nunca supo de ti ni quiso saber. Era tu mundo, tu mundo es.
Pobre Robinson Crusoe que en tu isla quieres estar entre gente y en la civilización no haces más que otear desde el malecón la línea del horizonte por ver si asoma a cualquier hora del día una ramita del verde de aquellas tierras donde te creías rey.
¡Pobre, sí! ¡Pobre Robinson Crusoe! Pobre que vivías tu realidad sobre la ficción de otros. Pobre que de ti no hubo más que risas y engaños, pobre que estabas solo pensándote en compañía. Preferiste imaginarte rico a saberte pobre y vivir sin placer a padecer el dolor. Maldito Robinson Crusoe que pasaste a ser pobre en el dolor.
Pobre Robinson Crusoe.