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El vacío que nos llena

Toda historia, decía Don Laureano, empieza con una necesidad. Es como la diferencia de energía potencial para la materia. Todo el universo tiende a un estado de reposo en el que la energía es mínima. La física tradicional lo llama energía. Ahora es entropía, caos y orden. Temperaturas, vibración de partículas, bla bla bla.

La curiosidad mueve al Doctor House. Cualquiera tiene curiosidad. No vale con que el cielo sea azul porque siempre lo haya sido. Tiene que ser azul por algo. Además lo importante es el algo, no mirar el color. No oler las flores. La vida no tiene sentido, para qué preocuparse.

El fracaso de House, el fracaso de todo ser inepto socialmente es la sociedad en sí. Contrata una prostituta para que le vigile su abnea porque es más barata de una enfermera y no te denuncia por acoso laboral… Es una frase genial del guión porque dice muchísimo del personaje y uno no puede evitar reír cuando le sueltan de sopetón en cuatro palabras la completa caricatura del centro de la serie.

Eso es la sociedad para House. La sociedad es un bien inmueble, un algo que segar a diario pero sólo para que no desluzca. Sin sentimientos o con sólo orgullo y egocentrismo, cultiva la amistad porque le es útil. Le muestran, a veces, encantador ante algunas mujeres como si pudiera tener a cualquiera, pero nunca las tiene porque hay formas más fáciles de que a uno le engañen, aunque sea paganding…

Tenía una mujer y no le preguntaba cómo estaba porque ya lo sabía, le era suficiente contar los cigarrillos que salía a fumar a escondidas. No le importa lo que crean los demás de él. Sólo piensa en el fin. Es muchísimo más entretenido averiguar que preguntar la solución.

House se pierde en los detalles. Es un completo autista. Sólo ve quién cojea un poco más, quién no enfoca la mirada, las burbujas del vaso, el temblor de una mano, cuándo alguien no desayuna o el trémolo de un grupo de pixels en una pantalla. No ve el conjunto, no ve el mundo, no le importa. Se obsesiona, compra juguetes, juega, se abstrae, se droga. Pasa el tiempo sobre él sin notarlo. El tiempo cinematográfico nos perdona el tedio. Siempre hay una escena tras otra sin importar que hayan podido pasar horas para el resultado de una prueba, etc. House se drogará, espiará a sus empleados, mirará porno por internet…

House fracasa y fracasará. Es un inepto. Es bueno en su campo y malo en el resto. Es una caricatura de persona. Es el radical de la ciencia. Hoy hay científicos literatos y académicos científicos. Hay dos culturas como dice Muñoz Molina. El universo, probablemente sea digital ya que hay cuantos de materia y de energía, probablemente esté por descubrir, pero habrá cuantos de tiempo y de espacio, sería lógico pensarlo así. Pero a nuestra escala no hay ninguna dimensión finita. No hay un absoluto orden de las cosas. A nuestra escala, nadie puede ser como Sherlock Holmes. Nadie puede pasar por el mundo sin haberse maravillado de todo este algo que nos rodea sin más que “esa curiosidad de saber por qué”. Hay más que preguntas en el mundo. Seguro que todos tenemos, en cierta medida, más de humano que de esa máquina de pensar.

Aun no sé cuál es el rasero por el que se mide el éxito en la vida. Puede que no lo haya, al igual que no hay sentido. Seguro que no. Pero hoy día, los hombres se preocupan de construir una simulación de ser humano y, desde hace más de medio siglo, la pregunta a cómo hacer indistinguible a un ser humano de una máquina tiene como respuesta la conversación. ¿A cuántos niveles de conversación podría hablar alguien como House? ¿Por qué puede hablar a tantos niveles? ¿Qué es un nivel?

Un nivel es la física nuclear, teoría de cuerdas y la relatividad general. Un nivel es soportar discusiones acerca de cómo se crea y transforma la energía en el universo. Otro nivel es hablar de lo que vimos ayer en la tele o la última serie que te bajas de internet. Un nivel es hablarle a un niño sobre por qué es azul el cielo. Y otro nivel es hablar de lo que sientes con un colega.

Se hacen máquinas “pensantes” o que simulan la conversación para hacer creer al sujeto que habla con un humano. Si ejecutas uno de esos programas, puedes escribir cuatro frases medio conexas y te escupirá las suyas más o menos relacionadas con el tema. Una cosa a favor del bichejo es que recuerda a las personas: te dice, ah, sí, te gustaba el cine… ¿Qué película has visto? Podrías montar una ayuda para una aplicación con un programín de esos. Podrías meterle todas las teorías actuales sobre la expansión del universo y que el bichejo te contestase a tus cuestiones. Podrías hablarle y él responder sobre espectáculos y entretenimiento. Se le actualizarían los datos como que ayer siguió el fubol y a correr…

Pero al hablar de lo que sientes, el bicho, sólo podría escuchar. El cine es simpático pero no empático. La radio también. Un ordenador transmite sentimientos pero no siente los tuyos, le falta la empatía. Curiosamente, sólo encuentro programas de esos con nombre de mujer, una vez más se demuestra que hay formas más fáciles para que te engañen que salir al mundo a padecer.

House es una máquina, es un replicante. House es un fracaso como ser humano, es un trapo sin empatía. Sólo recoge datos, sólo devuelve respuestas mecánicas.