Web Analytics

La más puta

Pintada como un loro, como si fuese de diario a trabajar a cualquier esquina. Salió de casa y pasó a pocos metros de mí. Estaba ahí, yo la vi. El pelo cambiado, la piel tan blanca ahora medio arrugada por cierta delgadez que se ha provocado a sí misma. Quizá sea la edad, se le nota la edad en las caderas, en el contorno de las piernas que no es tan redondo como antes…

Quién soy yo para hablar. Pero no es la misma. La otra ha muerto. Lo que antes eran cejas hoy son un esperpento de línea depilada. Lo que antes eran aquellos párpados son ahora un depósito de pintura y lo que en tiempos fue el labio que se mordía y dejaba escapar entre los dientes no es más que un vertedero de carmín y saliva de cretinos.

Carnaza de bar de copas. Sí, bar de copas, de esos con lamparitas de diseño y frasecita de ligón que va y resulta. Ni tan siquiera de mal chigre, no. Una que es puta lo es con clase y, como decía su hermano, de las peores, de las que eligen bien la clientela y encima cobran sólo a quien les da la gana.

Y aun hay quien habla mal de mí... Tócate los güevos.

Hace tiempo que hay que llamar prostitutas a las profesionales y dejar la palabra puta para gente como ella, con clase.