Web Analytics

Mentir a sangre fría

No se quien la escribió y no la encuentro para citar, pero recuerdo haber leído una fauna en la que un fauno llamaba a la puerta de un humilde labriego cerrando ya la noche en un frío invierno. Al hombre le dio pena el fauno, helándose de frío en su puerta y le dejó pasar no sin antes hacerse el remolón porque los faunos arman gresca.

Así ya al calor de la lumbre pero con ese aire frío que se respira en las casas de piedra por mucho que se atice el fuego, el hombre removía de vez en vez una olla de sopa y cuando volvía a sentarse veíale el fauno acercarse las manos a la boca y frotárselas a la vez que, con la boca abierta espiraba el aire de su adentro.
- hombre – preguntó el fauno-, qué es esto que haces a las manos.
- Me las caliento.

El fauno se estremecía de frío y no quería hacer mayor movimiento para no espantar en demasía al humano que esta vez le hacía de huésped.

De allí a poco el hombre sacó cuencos de un baúl y sirvió sopa para los dos y entregole al fauno un cuenco y una cuchara. Mostró el humano al fauno cómo usar la cuchara y se preparó este a empezar a remar en la sopa cuando cayó otra vez en el extraño comportamiento que tenía el hombre.

El labrador, tomando cucharada a cucharada las levantaba y dejaba reposar delante de su boca y soplaba dos y hasta tres veces cada una antes de tomar un bocado. El fauno volvió a preguntar:
- hombre, ¿qué es esto que ahora haces a tu comida?
- La enfrío soplando.

Con la boca muy abierta se aspira el humo para que no te queme. Quizá una vez echas de menos el rasca de la garganta y dejas que te queme. Es tonto hacerse daño pero, a veces, y en eso estaremos muchos de acuerdo, aunque quizá no todos tan de acuerdo como yo… Uno siente que está vivo mientras padece dolor porque, aunque es desagradable, es hasta cierto punto fuente de ansiedad. Uno se rasca las heriditas de los dedos a veces en busca de un cierto alivio, de un querer notar cómo va el dolor. Necesitamos por instinto saber cómo pasan los males. Quizá algunos más que otros.

Hay enfermedades o deformaciones, quizá aprendidas, que nos invitan a sentir más dolor. El masaje de cuero cabelludo es doloroso como el muscular, pero es…

Y cerramos la boca para soplar, el aire rápido enfría más que el que dejamos salir calmado de nuestra boca. Y abrimos la boca mucho para calentar y para que nos calienten. Al fumar abres la boca o sorbes aire por la nariz para enfriar. Otras veces abres mucho la boca porque quieres que te quemen. Quizá te acabas dando cuenta de que no abres tanto la boca como otras veces y si te paras a pensarlo hasta te avergüenzas y piensas qué creerán.

Y la vida es temperatura y es dolor. Y uno busca dolor y uno busca temperatura. La vida es sensación para quien la tenga y quien no es un muerto en vida. Uno, confeso, muerto antes de nacer

La vida se va tan rápida que nunca vino. Así cualquiera se apartaría del mundo este tan falso en el que el término medio es perder. Y al hablar se siembran campos o se queman bosques, no hay más que ver el panorama.

Aquel fauno contuvo un fastidio y dejó el plato agradeciéndoselo al humano y diciendo: “me voy, humano, agradezco tu hospitalidad porque no tengo noticia de que un hombre haya acogido a fauno alguno y siempre habré de deberte este favor… Pero no puedo estar con quien enfría y calienta con el mismo aliento”.

Rehúye el fauno la presencia del hombre porque miente con la misma palabra con la que ama, hiere con la misma mano con la que acaricia, y porque, en fin, calienta con el mismo aliento con el que enfría.