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Dolor de huesos

No quiero recuerdos, no puedo tener. No quiero que el sueño que me venga a ver me cante el cuento del invierno aquel que trajo a mi vida la estatua, la ley. Me hizo ver claro, me dijo quién es, me sopló al oido gritando ¿no ves? El pálido marmol la eterna quietud, la imagen velada que grita ¿eres tú? Y tanta sonrisa y lágrima dí y tanta mentira y tanto tiempo perdí.

No quiero recuerdos pues solo me queda tener en la vida poco que sufrir y pido al cielo si es que un cielo hubiera y pido a un dios que entre todos los muertos que dejó en la tierra, en tanta tristeza, que me atienda a mí. Recuerdo al oir, recuerdo al mirar, recuerdo comida, recuerdo un hogar y todo mentira se funde al calor de la extraña llama, del árido suelo del fondo de un vaso de endino licor.

Llueve y el viento grita el ayer y una curva recuerda el cuello que fue: recuerdo tu vida, recuerdo tu voz, rezo cada día y le pido a Dios que llueva que truene, que vuelva a invernar, que enfríe que hiele, pero dios, dios mío, no quiero recuerdos, que no vuelva a nevar.