Sí, caricaturas, ofensivérrimas caricaturas. Palos y piedras, etc.
Hablamos de Ramoncín o como quiera llamarse, a partir de ahora innombrable. La cosa está en que es la estrellita ofendida de que la gente le conozca y se ría de él. Eso pasa por ser conocido. Eso pasa cuando uno se sube a las tablas. Es como alguien que conocí demasiado y que decía que tenía un empleador y que no debía nada al público. Hay formas de ganarse el pan, construye, crea, pero no te dediques al espectáculo si no te gusta el espectáculo. Mi padre hace carreteras, construye, crea.
Quien más quien menos que tiene esa cierta inquietud, mantiene un blog, hace crucigramas, barro, plastilina, pinta, tricota, cocina. Crea, construye, imagina y no se echa a esos quehaceres si no son para ellos. Si sales al público débete al público que el espectáculo es lo que te paga el pan. Tienes tu jefe, tienes tu salario pero si los partidos se jugasen sin cámaras y a puerta cerrada nadie querría ser futbolisto de los cojones, si el teatro se hiciera para uno mismo como yo escribo este blog, nadie se subiría a las tablas y si los músicos cobrasen por mear desde el escenario la voluntad... Ramoncín vendería pollo frito en el macdonals del barrio al lado del super donde robaba las litronas en sus tiempos mozos.
Pero estas contradicciones se ven a diario en ese negocio. Y no hay otro negocio como ese, al menos, que yo sepa.