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... que te quiero...

Si echas horas, acabas viendo ángeles volar. Si sueltas tus sentidos aparecen hadas tras cualquier capa de vidrio, por fina y limpia que sea. Cualquier brillo es extraño, cualquier mirada deja de ser ausente, cualquier persona es tan humana como tú y no diosa en su reino como eran antes de partir.

Todo es cuestión de poner tiempo, de no asustarse, de perder la manía, de querer perderla. Coge la moto y vuela.

El mundo llega a ser brillante, verde iluminado de rojo. Azul donde quieras que sea azul y blanco de azúcar. Salta.

Y hay un más allá. Y hay un cielo y está en tus manos como el mundo que puedes abrazar. Y caminas mientras el cuerpo te lo pide o pararte, esperar ese segundo que quieres… Esperar por el ansia de que te pidan que sigas. Parar, seguir, cerrar, apretar, no recordar, no pensar, vivir.

Querer seguir y saber que puedes. Y más allá, que haya muerte. ¿A quién le importa? ¡¿Qué es la vida?!

Quizá mi vida sea pasarme de absenta y la tuya buscarte un marido con miedo a probarla.