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I did it for love

Hoy dia que se ridiculiza hasta la muerte, gracias a Dios, nadie hace el ridíulo. En la serie esa Monk, sobre un detective que tiene todas las manías que están hasta por inventar le decían irónicamente si no le daba vergüenza y decía él “Siempre”, poco más o menos.

Eso ya no pasa. La gente no tiene vergüenza. Puede que yo sí, mucha, salvo cuando estoy borracho que me la suda el mundo y luego aun puedo decir que como estaba borracho… Es una excusa muy barata y muy mala que a mi juicio no sirve, no vale para nada porque aun era yo cuando estaba bajo el influjo de la luna de agosto.

Este sábado no bebí. Estaba en la cena, estuvimos hablando de las tonterías de siempre, qué risas. Al salir de cenar, J… y A… se iban a casa. También se fue P… sí, ese P… vino a cenar conmigo y los demás, parece ser que son coleguitas también. Estos se iban nada más salir, no querían ir a tomar algo más por ahí. Lo peor era tener que volver en coche y, por tanto, no poder beber. Tomé un par de tónicas y ya me puse al hilo después de volver.

Mmmmh… Me estoy liando. Estaba diciendo que estaba animado, distraido y solté un no podéis marchar ya. Toma-y otra. ¿Por qué?, ¿No tienes bastante con nosotros a la hora del pincho en la oficina? No, a mi hay que distraerme todo el día. ¿y eso? Preguntaron. Eso es porque no quiero pensar.

Jaja… No sabía yo eso. ¿Por qué no quieres pensar? Soy feliz. Yo pongo los cascos, trabajo y soy feliz, cuando me paro tengo que estar escuchando o hablando y no soporto el silencio porque pienso, dije. No quiero pensar no quiero recordar que existo.

Bueno, pues el lunes te entretenemos más. Muy mal, muy mal, que lo sepáis.

El resto tomamos algo más. Más risas, más critiqueo a las respectivas empresas. Anécdotas de cine y televisión. I… siempre se cansa antes y vuelta a casa de cada uno.

Dejó de haber ruido, música y conversación y volví a escuchar esa otra voz dentro de mí, esa que distraigo con música para que me deje trabajar. Y fue cuando pensé, qué risa hoy, y volví a revivir conversaciones y analizar, como siempre quién y con qué intenciones me hablaba o hablaba de mí. O a pensar si otro mundo habría de estar tú ahí. Es enfermizo, es malo, pero siempre lo hago. Lo hacía entonces, lo usé tanto tiempo como evasión que lo hago ahora.

Y volví al coche y puse mi música vieja a media voz, no molestaba, sin tráfico, tranquilamente eché carretera adelante y aunque suelen ser canciones hasta cutres, a menudo no tienen desperdicio en la letra, tan inocente a veces y tan “picarona” las más y perdí el pensamiento. Y volvió. Y me dijo que tú podías estar allí. No hablo solo, le dije, déjame en paz. Y no insistió más. Mis argumentos eran mucho más fuertes que los míos. Ni un lo siento, más un hay que gastarme así. Tampoco hacía falta, tampoco me iba a creer. No hablo solo y ya está.

Recordé tu frase. De pronto me cansó la música y la apagué. Recordé la mia, I did it for love, decían los mozos de Queen. Un loco, una mierda. Y cosas peores haría por menores tonterías.

La gente ya no tiene vergüenza, a nadie le importa hacer el subnormal en cualquier parte, a todas horas. Van los chavalotes rompiendo farolas, papeleras, cristales… Como Homer, a palazos contra la estación meteorológica y luego a decirle a Marge qué pelo tan suave tienes… Y las mozas compran… Que es lo mejor.

Jaja. Nos reimos en la oficina viendo perfiles en las redes sociales, siempre hay algún chulito playas... Incluso subidos de edad que van comentando siempre lo mismo en todos los perfiles femeninos que asoman por las listas. El último es muy bueno, va escribiendo: “Con esa sonrisa _inserta_adjetivo_aquí_ no se siente el invierno en Gijón”. Y así, dependiendo de la foto le saca un tímida, un sincera, un tan amplia, un alegre, guapa, hermosa, un etc a la gachí de turno y vamos dando a siguiente y el pavo no se corta, otro comentario, otro… Y alguna picará, porque pican. Jiji, jaja, qué ridículo y todo aquello.

Cuando se acaba el ruido, me vuelvo a hablar. Ridículo pero más feliz que tú, alguna picará, alguna pica. Fijo, si sigue haciéndolo. Son como los muertos aquellos que sólo ven lo que quieren ver,

Y hay quien hace locuras en el mundo como inversiones hacen los bancos. Y hay pensamientos y derechos del individuo que no se le pueden alienar ni poner en común. Un sentimiento, una vergüenza, es de uno solo y da igual lo que crean los demás, es tuyo. Te pica un pie y le va a dar igual al mundo que todos piensen que no, porque te sigue picando. Así les pica a los mancos o les duelen los dedos que ya no tienen.

Tú sientes, tú padeces. Tú tienes dolor de cabeza y hay ocho de cada diez médicos que te dirán que no es un dolor porque no hay terminaciones nerviosas en el encéfalo, ojalá te doliese a ti, subnormal. Dirías.

Pues tú quieres y nadie, nadie nunca, puede decir que no quieres porque es tu sentimiento. Quien niega lo que sientes no tiene corazón. Si eres capaz de hacer el ridículo, de pasar por loco, de guardar bajo una ventana por sólo ver asomar un antebrazo tras una cortina. Si puedes jurar armas por mor de Dulcinea es que quieres o que quieres creer que quieres porque no hay nada mejor en el mundo que creer, que ser creyente. Si eres capaz de hacer valer en la vida lo que tienes en la cabeza, de ofrecerlo sin más, es que algo llevas dentro que, aunque sea tuyo, no es ridiculizable porque eres tú.

Creer es sentir la vida porque de no creer, de conocer sólo la realidad, todos estaríamos muertos y nada tendría sentido. Creer es pensar en el futuro, creer es saberse vivo para más adelante. Ser inmortal, sempiterno como el alma de un cristiano. Creer que quieres es sentir que quieres como quien siente sed. Es buscar en tu cuerpo la sensación perdida, añorada, de calmar el hambre. Querer es vivir para comer, pensando, sabiendo que cada roce será un banquete. Querer es carecer, necesitar, añorar, dolerse uno en su desdicha y aun con esas, desear que amanezca un nuevo día para volver a sufrir el día anterior sólo por la esperanza de doblar otra curva y llegar.

Y llegar... Llegar es amanecer, es la dicha. Y llegar no es querer, llegar es nacer. Y llegar lo era todo.

Y volvía tu frase.

Yo se lo que siento y se lo que haría por ello. Lo peor es decirlo, lo peor es pensar que la gente entienda lo que sientes y que te lo nieguen por sólo reírse de ti. Por sólo distraerse hasta encontrar a alguien mejor. Que tu cara sea una más entre las sombras de la calle, indistinguible. Lo peor es saber que no eras nada más que un juego. Lo peor es pensar que no gustabas, que no era por ti, que creían que había alguien mejor… Lo peor es que lo haya. Siempre lo hay, hay mil personas mejores por cada dos mil pero esta es tu cabeza, esta es tu alma, aquellas eran las manos que iban a tocarte a ti y son tus sentimientos los que moldeaban a modo de bola de nieve para arrojar... Tirar es una palabra más fuerte, desechar está mejor.

Y se van y no vuelven. Y allá se va una vida, una esperanza, un querer. Y ahí viene la noche. Se va la luz y no vuelve.

Pensabas que eras inocente. Piensas que ahora no lo eres. Pensabas no volver a fallar y fallas. Piensas que no caerás ora vez y caes. Y no atiendes a razones porque quieres volver a sentir. Y sientes y pierdes, caes. Tropiezas y no andas dos pasos como dice el refran, sólo andas porque vivir es andar hacia la nada.

Negar lo que sientes.

Y a cada curva buscas amanecer y cada farola de las esquinas empuja más la oscuridad contra tí porque sólo son faros para no tropezarte y más allá no hay nada hasta la siguiente. Y no hay santos en el cielo que te reciban ni agua en el mar para mojar este desierto.

Ves lo que sientes, lo que sentías: tu odio, rabia y vergüenza se juntan en un temblor. A todo se hace uno, y ves, hasta que miras.

Ves hasta que miras.

Y dejas de ver o te parece normal.

Cuando es normal, es lo que sentías y puede que ya tú niegues lo que sentías porque todo es camino...

Pues yo no.