Tormento de una vida. Ánima del mundo. Carencia del ser y camino de la nada.
Oh tú, náyade, ninfa de las aguas, señora del mar, dueña del viento. Oh tú que no estás, que no has estado, que no tienes nombre para mí ni te nombran quienes te saben porque creen que serás maldita, que serán malditos o que nunca nacerás para ellos. Tú, a quien siempre llamo en sueños y que nunca recuerdo al despertar. Tu que tienes la piel caliente y blanda, que dejas a alguien como yo entrar, saber de tí.
Dime, oh, tú, diosa de mis días, si no puedes venir. Ven, nace de tu imagen. Vive. Vive conmigo, vive para mí.
Tú sin nombre, tú sin noche, tú sin días. Sin muerte, sin dolor.
Vientos los cuatro que fuisteis pilotos de mi derrota. Vientos que trujísteis a mejores puertos a cuantos van conmigo, a cuantos antes hicieron el viaje. Vientos fríos y secos de donde vengáis, creadla para mí porque estoy solo. Cuatro vientos que gritan, que enfrían, que arrugan la sed sobre la lengua y tiran de la nube que debiera darme de beber, conmiseraos de mí, hayadme un día, dejadme humano mortal, hacedme hablar por tener qué decir.
Ayudame aire que respiro a reir, suena mi canción y hazla escuchar de mis semejantes. Eleva mi voz, mándala lejos, saca de mí lo que mi palabra quiere y traela, hazme ver, clarea el día.
Se sueño, se sempiterna, conozco el mundo en tí como si no existiese fuera. Estabas ahí siempre y siempre serás. Nace, como te llames, llega a mí y aparta esta fría mano. Que el calor de tus piernas reviva en mí la sangre sin sangrar, el dolor sin pesar. Corta mi vida, pódala, suma retoños. Seca la sed.
Y tú, fría dama, ven pronto o tarde pero no me despiertes. Muereme, acaba conmigo pero no avises, no pintes el dolor en mi frente para hacerte de rogar. Quiero morir durmiendo, lejos de la vida. No quiero avisos, no quiero saber de tí hasta que hayas pasado. Solo ven a mí y llévate lo que quise, lo que deseaba querer. Quitame la vida mientras no se que la tengo. Que sea aburrida, que sea triste, pero sin dolor.