Web Analytics

Tántalo

Querido diario,

Me siento hoy enfrente tuyo, confidenciando, si es que se puede decir esa palabra, como siempre.

Son estos, días de no parar en el trabajo y de no tener, gradias al Diablo, tiempo para pensar. Las manos ociosas son sus herramientas en el sentido que lo son para mí y no en el eclesiástico o fanático de la frase.

Aun así, el ensueño, a veces, es de agradecer. Y, por pedir que no quede. Hay semanas, como ya dije, días y ocasiones. Llego tarde, me acuesto aun en tensión y el sueño tarda en aparecer. Cuando el sueño aparece nosotros no somos. Y no eres tú pero se te reconoce.

Así, y aun no queriendo alimentar a mi otra mente, siempre nergándole alimento a mi ensueño, a mi droga de despierto, quise quitarme del pensamiento y me reñí, diciendo que bien está para dormir un buen calmante y en este caso no hay química de por medio.

Uno llega a casa completamente despejado pero hecho polvo, se deja caer en la cama y, ya sentado, ya comodísimo, aquella fuerza que antes le tenía en pie desaparece y a duras penas puede quitarse la ropa. Amontonados los problemas del día sobre uno y con la ropa tirada donde caiga, se mete en la cama que está más fria que de costumbre por entrar tan tarde. El reposo inicial se convierte en esa incomodidad febril de no encontrar sitio ni postura donde estar relajado. Es ese momento. En ese momento uno piensa en el pasado, ya real, ya imaginado. Uno se enfada, diciendo que mejor contar ovejas y uno se contesta que bien está, por esta vez.

A mi mente vino, entonces, el cielo de Garci. En el cielo estarían todas aquellas mujeres que una vez deseaste. Una vez muerto, en espacio sempiterno del que no podrás salir jamás... y a quién carajo le iba a importar... Todas estarían allí para tí en la viva imagen de cuando las viste por primera vez. En el infinitamente remoto caso de que te pudieses cansar de esta de ojos tristes y cara de niña... Qué se yo, si hay cielo es que todo puede pasar, pero es impensable, querido diario. En ese remoto caso, digo, estaría aquella otra de los ojos grandes y algo estrábicos y si... Hay sueños absurdos y si el de la inmortalidad es el mayor de todos, qué pierde el hombre por pedir, por soñar, ¿seremos pobres hasta para pedir?

Y quise soñar para dormirme, me dejé. Pensé qué se sentirá, me dije, qué será eso de llegar como llego tan jodido a casa, quitarme la ropa y tumbarme en la cama. Qué se sentirá cuando tú me rodees con el calor. Sí, el calor, porque nacemos con el frío pegado a la piel y no se quita ni con alcohol. Viene de serie, está incrustado, calado, bucamos calor como mi gato cuando se quemó al querer entrar en el horno, como la polilla en una farola, como Ícaro volando al sol.

Sentir tu abrazo, el hablar bajito aunque estemos sólos. No querer nada más que estar juntos. Apretarse. Perderse en piel. Dejarse soñar. Dormir. Dejarse caer. Pasar. Que amanezca y haya sido otra noche.

Qué se sentirá, me dije, sabendo que estás para mí cuando vuelva.

Qué se sentirá, me dije, sabiendo que estás siempre.

Y no recuerdo más sueño en toda la noche que aquel que me inventé y que me durmió, eliminando así la ansiedad del día, dejándome desaparecer en el olvido, queriendo pasar por esos escasos momentos en los que la noche nos deja soñar más que cuando estamos despiertos.
 
O quam cito transit gloria mundi.