Web Analytics

Volviendo a casa después de trabajar

Todos ustedes son unos hijos de perra. En español en la versión original.

Esta frase salía en aquella película "Al este del oeste" de las de ozores, pajares y esteso. El vicio que tiene J... con esas películas es criminal. En este caso voy a repetir el texto y luego me explico. Por ahora diré que, si hay alguien que no cambie sus opiniones o no se las replantee un poco tras leer esto, entrará sin remedio en el mismo conjunto.

Todos ustedes, señores votantes del Partido Popular, son unos hijos de la gran puta.

J... Pertenecía a la guardia civil. Tiene una medalla al mérito por su trabajo, por el día que se quemó un pulmón en un incendio.

Nos reimos mucho con él, con su forma de ser y con que nunca parecía que hiciese falta saber alemán para entenderse con los alemanes. 

Ayer salieron las anécdotas de los cinco años que pasó en el País Vasco. El primer día, de pinín, dejó el coche aparcado en el primer sitio que encontró y, al volver de trabajar, se sentó ya pensando mal y a la de tres, cruzando los dedos y esperando lo peor, le dio al contacto. Hoy, decía, lo digo riéndome y tal, pero gracias que puedo contarlo. 

Insistía en lo poco que se sabe de cómo están (estaban, podemos suponer) las cosas por allí. Una vez parecía que alguien les perseguía a él y a su, entonces, novia. Les siguió andando al pasear, y le dieron esquinazo en El Corte Inglés. El problema, decía, es que ya no se sabe quién viene detrás. Igual eran Policía Nacional o Guardia Civil siguiendo a un seguidor, vigilancia, contra vigilancia, alguien que pasaba por allí... La paranoia era tal que su señora aprendió a mirar los bajos del coche para ver si tenía alguna lapa. La mujer dejaba caer algo del bolso para agacharse porque, su marido, por supuesto, no era Guardia Civil, era estibador del puerto. Nadie, ni maestros de escuela de sus hijos, ni vecinos, sabían que trabajaba en la aduana del puerto.

Una vez, decían, unos vecinos con los que iban de vez en cuando a tomar algo por allí, les tiraron de la lengua con que andaban evitando. Paranoia paranoia. Sentarse de espaldas a las puertas, etc. Es como para pensar que cualquiera fuera de tu casa te está analizando, investigando, siguiendo y persiguiendo hasta conseguir el fin último. Por supuesto, en aquella época, el fin último era una medalla para un mando de la Guardia Civil.

Conduciendo por la calle, de paisano, supongo que volviendo a casa después de trabajar. Vestido de paisano como ya pueden ir los guardias desde hace muchos años. Un compañero llamó, dice, con un zapatófono de aquellos, del año noventa y cinco, que los ponías a cargar y no llegaba la batería casi a terminar el turno... Llamó, decía, para comunicar que le estaban siguiendo. Los mandos le respondieron que no había problema que tenían la situación completamente bajo control y que estaba seguro.

Las órdenes en tiempos del amigo Ansar de los cojones, eran capturar comandos enteros y no hacer nada contra medias hostias ni mindundis por ahí. La noticia sería capturar media banda. Incluso si se les puede penar más mira tú que bien íbamos a quedar. 

Pues sí, ocurre que si tienes toda la intención de matar a alguien, le pones en la boca el cañón de una escopeta y aprietas los dos gatillos a la vez para pintar un tantico el techo de rojo... Si suena click, que puede sonar, si no se disparan los cartuchos, si la pólvora es vieja o está húmeda, el arma está en algún modo defectuosa pero tú no lo sabes y no dispara... Entonces eres culpable de homicidio en grado de tentativa, intento de homicidio, vamos. Si todo va bien, si la pólvora funciona y consigues adornar paredes y techo con los revueltos de la cabeza del otro, entonces ya eres un asesino.

Hay que cazar comandos enteros pero en España lo de llevar pistola y decir que viva Franco o como se llame ahora el líder de los requetés esos, no está casi que ni mal visto. Entonces creo que ni siquiera había esto de la apología del terrorismo como delito tipificado. Así que al tema. Cazar comandos enteros y tener con qué empurarlos. ¿Qué hacer? Pues que si el cebo se da cuenta de que le van a matar, le contestas diciendo que, tranquilo, te tenemos vigilado, está comprobado, todo bien aquí, ahí qué tal. 

Un día después habían cazado un comando entero y aun con el cadáver caliente de aquel guardia al que acribillaron en el primer semáforo en el que se detuvo después de la llamada, algún Galindo, algún Ansar se llevaba el mérito de cazar tan rápido un comando entero. Comando que tenían localizado persiguiendo a un policía de calle al que dejaron morir por el bien de todos o por sólo el de uno.

Con esos juegos, decía J..., Galindo ascendió a general en dos años y no era tiempo de guerra, con esos méritos, dejando morir a gente a cuenta de poder decir que los pillamos nada más llegar. 

Quisieron, dijo, hacerle teniente y meterle en una de estas, prefirió comer tranquilo y pensar que no hizo mal.

Tengo, yo al menos, la satisfacción de saber que nunca he votado a esos impresentables.