Con el cielo tan abierto. Con la luz de las estrellas antigua y falsa como el oro, esperaba yo a la mía. Y no la veo.
Y parece el cielo plano, suspendido de una cuerda, inalcanzable y lejano como está aunque pueda verla. Pues La Luna cuando sale tan solo se deja ver que ningún humano nace que merezca su querer.
Se tapa y no por decoro, vela su cara un mantillo, y adorandola hasta el moro llora el hombre cual chiquillo queriendo en vano alcanzarla.
De oración ninguneada. De llanto y prisa anda el tiempo lleno de hueca esperanza.