El matiz nublado y redondo que toman las cosas. La llama extraña que habita en el fondo del cristal. Echo de menos el vaho que aclara el mundo y coloca hasta al última mota de polvo en el cajón que le corresponde.
Tanto tiempo sin la nube que aclara mi porvenir, que ciega mi pasado, que aleja las moscas esas que tan sólo saben acudir a la muerte.
La especia que endulza el recuerdo, que atrapa la oportunidad, que trae el futuro y conserva el ayer.
Cuánto echo de menos la risa y mirada de la rubia dorada que, aunque amarga mi aliento, aclara mi ser.