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Tristela

Es triste.

Hoy en el metro vi a un señor al que parecían haberle roto la cara por seis partes. La tenía toda remendada con esparadrapo y gasas. Moratones, etc. Estaba delgadísimo e iba con zapatillas. Estaba esmirriado y sin fuerzas, caminaba con las rodillas dobladas.

En el primer acelerón se le fue de la mano la barra, echó el otro brazo pero tampoco hizo fuerza bastante y, pumba, patas arriba. Lo levantaron otros dos señores que estaban cerca. Siguió viaje carraspeando y gimiendo, quizá con algo más roto de lo que llevaba antes.

Fue muy triste.

Vi en el metro a dos chavaletes que, luego al salir, se bajaron donde yo, iban hablando sobre programación. No sabría decir la edad que tenían porque, últimamente, la gente me parece muy jóven. Supuse que sean de un módulo (16 añazos) o de primero de carrera (18 o 19). Uno de ellos, mientras estaban en silencio sentados en el vagón, sujetaba un kindle ñajo, el grande no, el otro. Leía un mierdo de libro de algo que parecía ciencia ficción. En el ñajo con letra gorda y no usaba gafas ni pinta tenía de necesitarlas. Ñajo, letra gorda, vaso en la vertical...

En pantalla (la pantalla es papel electrónico pero se llama pantalla igualmente) habría dos párrafos. El primero venía de la página anterior, acababa a media de esta y el segundo seguía en la siguiente. Con letra tan gorda, no pude menos que curiosear. Leí los dos párrafos. Luego eché un vistazo al móvil, al mío, porque sonó el mono. contesté, me contstaron, volví a contestar. Guardé le móvil.

Allí estaba la misma página, los dos medio párrafos. No me di cuenta entonces, pero es que, quizás, llevaba como tres o cuatro minutos. Entonces caí en la cuenta: ¡Llevaba como tres o cuatro minutos!. Leí la página otra vez. Contaba que un pavo en no se qué planeta, se dedicaba a tirar monedas (hechas de acero) al aire y las veía brillar y rodar. No se qué paridas.

Leí dos veces más la página. Pasó página y con la siguiente seguía cuando llegamos a la estación.

Fue muy triste.