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El Ayer En que te vi

Hacía tantos ayeres que no hablabamos. Tantos que no te veía.
Fuiii dejando de hablar porque siempre parecía que hablo solo como solo cree el que cree, como solos morimos y como solo estaba en sus quereres aquel del poema de Poe.
Recuerdo aun cuando decías que yo escribo bien. Ahora tengo peor letra y mucha peor idea. Cada palabra ahora tiene más significados y, ahora, tengo canas en la barba. Ahora la canana no envenena. Maneras que ha dado la vida y tajos como el tuyo que dejó el tiempo. Tiempo que nunca estuvo conmigo. Tiempo que malperdimos.
Hacia muchos ayeres que no escribía. Hacia muchas noches que te pensaba sin decir. Eres como esa muerte que da consciencia a la vida y en la que nadie quiere pensar y yo menos. Esa vívida imagen del no ser que ws tan inimaginable, extraña y temida. El no ser. El saber no ser. La nada. Ese fugaz pensamiento que oscurece el día, que endulza la cerveza, calienta el vino y seca la boca. Esa hambre de no saber o de no saberse, de reir por nada. El hambre de embriagarse por olvidar o por no saber o...
Ayer. Ayer, una fugaz visión. Ni siquiera te diste cuenta, casi te piso. Ahora peso nosecuantos kilos mas. Parezco otro. En dos años bajé 10 y subí 19. Cosas.
Ayer ese instante. Vi la muerte, estabas muerta, no debieras existir y en un momento las tripas me hicieron gua. Sentí que quería enfadarme y no lo estaba y sentí que quería volver a cogerte por el hombro, a darte la vuelta y decir el hola que ya ni recuerdo si una vez dije... Pero no lo hice.
Sentí...
Sentí que veinte años no es nada. Que la vida es pisto o a pisto nos vamos. Que nunca vino el momento como siemore se fue. Sentí que estaba vivo y que aquel era un minuto de esos que alargan los días, un momento pensado para pensar. Un recuerdo vívido que despierta el hambre, que endulza el vino y que enfría la cerveza y lo sentí. Sentí aquella hambre y ese vacío, pesar, el frío del estómago y la sed de dormir caliente, de sudar. Pensé que el tiempo no vino ni vendrá y del plazo que te quise aun no firmé la última letra y, el cambio, no para de subir.
Supe que estaba vivo y quise no saber ni recordar. Y quise dormir o morir. Y pensé en la muerte y en el frío oscuro pasar que fue el no ser o nada. Qué malo es saber, cuán malo ser vivo y qué horrible morir.
Me sonreí. La gente pasaba a mi lado. Sonreí. Me paré a mirar atrás, tú ya no estabas. Mal año para dejar de fumar, la saliva me llena la boca al pensarlo. Rompí un paquete de chicles y apreté uno entre los dientes aun con papel. No supe reponer la caja, me temblaban las manos y lo tiré. Levanté la cabeza arrugando la frente, nadie me vió. Metí las manos en los bolsillos, seguí caminando mientras apretaba el puño y las uñas decían a mis palmas que sigo vivo y era esa sensación de no saber. De no conocer el sitio por el que andaba.
¿Dónde habré dejado el coche? Pensé.
Mas tarde me di cuenta de lo largo que pareció el minuto del segundo del ayer en que te vi.
Hoy escribo.