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Una flor de soplar

Un día mi compadre Jose me contó la historia: Un pavo que publicaba fotos en internez había hecho una de un diente de león. No recuerdo el por qué del todo pero pongamos que no recordaba que flor era aquella y no daba con el nombre. Preguntó a su hijo pequeño y, sin pensarlo afirmó que aquella era una "flor de soplar". Se quedó el título en la foto y en mi memoria como algo que debiera pasar a formar parte del ténder de este mi pobre corazón.

Ya lo he escrito muchas veces. En esta mierda de mundo, en este perenne invierno, uno necesita echar tanto carbón a la caldera que no tiene más remedio que, como el colibrí, seguir comiendo. Seguir paloteando del ténder ¡Más madera! Para no desesperar. Para seguir caminando. Para olvidar ese infame momento diario que es despertar a la realidad. Para no querer derribar el sombrero de un puñetazo al primero que se te cruce por la calle y no querer irse a conocer la parte acuática del mundo...

Para vivir, uno necesita sueños y esperanzas. Emperrado el mundo en segar primaveras, robar abriles, cortar las alas al colibrí, adelantar el invierno y decir a los niños que los reyes son los padres, hay que pedalear, volar, cantar y reir. Cosas estas que nunca he dejado de hacer aun a pesar de los pesares y llámenme lo que me llamen.

No quería desvelar ninguna imagen de las que vienen en el enlace porque, no se del todo cómo definirlas. Sonreir y reir hice al verlas como cuando buscabamos una que estuviera en su punto, de niños, compitiendo a ver quien podría deshojarla de un sólo golpe de viento, una flor de soplar.