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¿Eres tú?



¿Qué hace el gato? Mirado y pensado, el gato al que llamarían gata en mi pueblo por sólo contar el número de colores de su pelaje, se está lamiending. Los gatos se lamen el revés de la pata y se la pasan por la cara y del cuarto de día que están despiertos, tranquilamente se pueden tirar una hora a lametazos a sí mismos o a otros de los que están con ellos, aunque no sean de la misma especie.

Pero si miramos a lo tonto, tal como rezaba la página de donde lo saqué, el gato parece apartarse de la cámara. Se aparta del ojo porque le ve, tiene vergüenza. Es ese fenómeno que se llama pareidolia, a veces más manifiesto que otras, en el que nuestra mente ve lo que está hecha para ver. Si miras mucho una mancha del techo puede llegar a parecerte la cara de alguien. Igualmente, si te orientan y te dicen que vas a ver la cara del cristo de las caenas, vas y la ves antes de haberte fijado que el resto de la foto es la casa de los Campo. Vas a buscar eso, sin de querel.

Pues a veces cuenta el primer vistazo, cuando es imparcial, uno mira y ve. Otras veces cuenta el mirar y remirar, es cuando se ve el detalle y se deja el fondo. Se ve la forma. O, como decía aquel, cuando el corazón del hombre no encuentra verdades que creer, cree mentiras.

Mirate, mírame. Crees que hablo de tí. Hablo de tí. Aparta la cara de la cámara, tápate la naricina con la patina. Esconde ese belfo que tánta guerra me dio. Cubre el medio leporino. Quita encías de tu gran sonrisa, aparta los ojos y agacha la barbillota redonda. Así eras, no había más que mirar para ver lo que yo veo. Ahora no eres más que patita, careta, escondes la cara real, cierras la coraza de espinas y dices por ahí lo que no te crees ni tú misma. Ganas más así porque gustas más. Prodigas lo que en el fondo te come. Traes de la mano animales que en realidad no te dan de comer. Matas por matar, vives de sangre y mierda. Malvives de humo y niebla. Maduras en un barril de madera podrida para pasar a la botella de tu desgracia. Atraes moscas que no dan más que para ensuciar tu miel. La miel de tus ojos, aquel marrón que fue mi luz... El verde de la mancha de sol que desborda la piel de tu párpado, el brillo sedoso de un rizo, de un bucle... ¡Dios!, ¡qué palabra!

¡Cuántas veces no la usaré al largo del día, al corto de un año, para el vanal matemático código que nos mueve! ¡Cuán evocadora suena, resuena y llama ahora mismo dentro de mi cabeza!

... Bucle... Bucle, decía, bucle de tu pelo. Rodeada tu cara en mis manos, deslumbrados mis ojos, borrachos de ver, perdidos por mirar. Traidos mis ojos, llevados, puestos donde de verdad deben estar, sobre los tuyos.

¿Te acuerdas?, ¿No te dije que eso no pasaría?

Dios cuánta mala suerte arrastro, de haber mala suerte en el mundo, de no ser esto una conjura de prejuicios, una ristra de desgracias provocadas, que no accidentes, malas patas. Tus desahucios por impago. Mi agobiante negociación. Tus besos tan caros, mi incansable deshaliento. El vaivén de la maldita carreta que forjamos. El sexo como tapujo en lugar de como ¿fin? ¿tan malo era que fuese un fin? ¿Por qué no un medio?

¿Quién tiene la culpa? Tú querías o no, o sí, yo no sabía ya cómo pedirte porque no sabía esquivar las respuestas. Chorreaba por llover y no había paraguas para taparme.

En el rugir de la calle, en el zumbido de mis oidos. En la humedad que hubo cerca de tu boca, mi casa. En el zip zip de tu piel rozando contra mis orejas. En todos estos sueños que me vienen a la punta de la lengua como la motita de sal que a pronto tocar ya notas en la garganta. En el alejar de una lengua que se va de tí y sigues queriendo notar su forma y su roce contra el sabor que te queda en todo el paladar... Todo el sabor, toda aquella vida que no es, no fue o no te importa. ¿Quién, dime, quién sobre estos mis sueños en un vistazo no cree que fue algo?

"¡Ay del que descubre por fín la mentira!
¡Ay del que la triste realidad palpó!
el que el esqueleto de este mundo mira
y sus falsas galas loco le arrancó"

Pareidolia de la vida fue, no es o, quizá, nunca existió.