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Los muertos de la tele

Los muertos de la tele

Con gran gusto de mi alma he visto desaparecer programas televisivos que nunca debieron existir. A veces oigo por la calle cosas como que tal o cual artisto no debería sacar discos porque ofenden al alma. Ocurre que en cierto momento hasta yo pensé o dije tales barbaridades.

Son frases inconexas estas que acabo de escribir pero que tienen un hilillo de saliva que las une. Un pecado común más grande que el europeo. Las cosas que salen al público, programas, tiendas, discos, obras de teatro… No son más que líneas del menú, morralla para comer, cada cual es libre de comer el postre de primer plato, no comer y hasta de hacerse un popurrí con varios de los platos de la carta. Esto es un mercado, cada cual tiene lo que quiere. Lo más seguro es que haya una gran parte de la población que intente pedir algo y no tenga nada a su gusto.

El otro día, en un bar de Gijón, me dijeron que qué raro que yo tirase en contra de la polución, contaminación y chorradas tales cuando llevábamos una hora o dos respirando malos humos y escuchando peor música en aquel antro. Ya al entrar le dije a mi acompañante, oye, entra tú delante que yo no me atrevo…

Pues sí, qué cojones, también soy libre, dije, de coger el coche y largarme a otro lado… Pero lo otro me lo están imponiendo. Todo eso no sin antes haber tirado algo en contra de la interfecta, joya del tipo: fue a hablar la vegetariana… Porque puede que no haya más hipocresía que esa de acabar con el mundo con explotaciones completamente ineficientes como las “orgánicas” y echar la culpa al resto porque, carajo, come carne.

A quien no le guste, que no mire. Eso ocurre por la tele. Por lo general no hay nada que ver. No hay manera de encender la televisión y ver algo que te guste. Dios bendiga el divx y las descargas por las que uno puede ver lo que quiera y elegir el momento. Uno no puede estar a tal hora delante de la tele porque a tal hora quizá le apetezca dormir, comer, etc.

Han ido desapareciendo de la televisión los muertos. Recuerdo como si fuese ayer que cuando fusilaron al tal Chauchesko ese (Ceauşescu) que salió en todos los telediarios con su mujer a la que fusilaron a la vez. Salía antes y después de pasar por la tabla, ya con hilillo de sangre en la boca y todo el pecho hinchado. Recuerdo también los muertos de bosnia, quemados por las calles, amontonados a la salida de un mercado que siempre bombardeaban “los malos”. Es hoy y no se quien era el malo allí, tan lejos estaba…

Los chechenos aquellos. Recuerdo que para entonces ya no había muertos por la televisión. Hace poco hubo una avalancha de linchamientos y revueltas en las cárceles sudamericanas, no se donde, puede que Venezuela, tampoco me importa. En “el parte” avisaban de que se iban a ver imágenes muy fuertes. Ni siquiera aparecían los muertos. Como cuando secuestran los iraquises a un yanki y lo tienen atado… La “crudeza” de la muerte de Saddam a quien no se ve morir y, encima, le matan rápido, no lo ahorcan como deben, le rompen el cuello, cuelga muerto al instante… Por dios, me puse hasta nervioso pensando que iba a ver una muerte merecida.

Eso no son imágenes, imágenes son aquellas que se grababan de los cascos azules tiroteados en campo abierto. Recuerdo una en la que un británico, Kevin, o como se llamase. El cámara grabó de lejos, se fue a plomo al suelo, le habían reventado el pecho. Su compañero le sujetaba arrastrándolo a lugar seguro. Tenía la cara salpicada por gotitas de sangre y pecas, los ojos azules clarito o grises casi blanco. Miró a la cámara y boqueaba como pez fuera del agua. Probablemente se estubiese ahoganding… El cámara corrió hacia ellos. El otro soldadito le llamaba a gritos, hola it, pal, o cosas parecidas. Gritaba su nombre, ¡Jim! ¡Kev! A quién le importa ahora. El chaval no parecía ya saber dónde estaba, miraba a todas partes, centró sus ojos en la cámara que ya tenía delante, abriendo mucho la boca, sus pupilas pasaron a ser completamente negras, dilatadas. Un impulso, el último de su corazón destrozado, le llenó los ojos de vida por un momento y sus ojos brillaron en gris por un segundo y se relajaron lentamente cubriendo su cara de un terror, de un miedo tan simpático, de una expresión tan patética.

Hoy día no saldría esa muerte por la tele. No saldría porque allí morían europeos. Cuando hay matanzas en África o la polinesia aun se ven en las noticias. No valen lo mismo… Están tan lejos, a la gente no le importa verles. Aquí ahora es una ofensa que salga un muerto en cámara, con razón. Deberían no ponerse. El mundo es suficientemente triste y la noticia no cambia por echar carne a los tiburones, el que quiera ver porno que se vaya a un tanatorio.

Hay mejores cosas para ver, me dirán, cambia de canal, carajo, cuando uno quiere ver las noticias no hay canal que poner. Siempre tienes que tener el ojo y el oido puestos en los matices que cada canal añade a las noticias. Las imágenes no suelen mentir, salvo cuando las trucan cosa que también pasa últimamente. Uno sabe interpretar la cifra de “dos muertos” sin que salgan por pantalla.

Recuerdo como si fuese ayer a Buesa y su escolta, más al escolta que parecía respirar porque del otro señor quedó tan poco…

Así que si, gracias al dios de los telespectadores ya no tenemos Crónicas Marranas en la tele, carajo, qué criterio es este tan tonto de no poner muertos de por aquí pero sí los de por allá. Si la cosa está en mostrar las noticias tal y como son, estoy de acuerdo, ¡hágase! Y que vuelvan a mostrarse las guerras como cuando estaba el Reverte de corresponsal, con los cadáveres pisados por tanques en las calles… Pero no esta falsedad de que haya cuerpos que ofendan más que otros.

Después de todo, es la tele, ningún muerto parece de verdad. Quizá por haber visto ya muchos, quizá porque todo es de otro color y la sangre no es tan roja. Es como esa sensación que tenemos cuando vemos caer a un criajo en el parque, a mi se me encoge el estómago de una manera muy desagradable… Pero si lo ves por la tele, como si se está tragando los dientes, anda y que le den por saco al negro ese con los sesos fuera, hasta me da pereza ponerme a pensar cuántos meridianos hay que cruzar para llegar ahí.

Recuerdo un terremoto en la India, por la tele se veían solo escombros y cadáveres envueltos en sudarios. En la segunda página del periódico venía una foto un poco extraña, completamente surrealista, el fotógrafo había enfocado el solar de una casa toda rota, un pilar por aquí y una pared al fondo. En un extremo inferior de la imagen había un gran bloque plano, parte de una pared o algo así que parecía tener una caricatura pintada. El espanto de la imagen era ver que de la caricatura crecía el volumen de un cuerpo.

Imagen en crudo, o datos. Noticias reales, veraces o información matizable. Tendremos que escoger.

Quizá, como con eso de la contaminación, escogerán por nosotros y cerrarán todas las centrales nucleares para quemar carbón, gas y nuestro aire. Con las noticias acabarán por abrir factorías del picadillo en Filipinas para nutrir mi hambre de cadáveres.

¿Sabes, querido lector, lo que es un hipócrita? Pues uno que conozco que se queja de que salen cadáveres por la tele y luego visita páginas de colecciones de autopsias, fotografías de eso que llaman memento mori, colecciones de cuerpos desconocidos.

Sigue viendo mi compadre las noticias y todas esas fotos quizá para aliviar el espanto, la curiosidad, apartar la imaginación o alejar el fantasma con una apuesta sobre quién aguanta más, su cuerpo o su miedo.