Supongamos que me han pedido letra para una canción. Tócate los güevos.
Lo primero que dice uno es que no hay manera, que uno no escribe. Pero se le da la fantasía de poder hacer algo de eso.
Encima el tema sería a mi libre albedrío... Carajo... He estado pensando, no se qué decir. ¿Qué digo?... Tú, me dijeron, tú escribe como siempre. Pero que encaje en esta melodía, un mp3 tocado a guitarra y un tarareo de voz femenina. El tarareo será la letra, coge el ritmo que algo saldrá. Molaba hacer algo de risas, pero el tema sujería otra cosa.
Como ratas, dije, como ratas fuimos. Como bichos a la luz, como olas a la playa, como el río, los dos, como la vida a la senectud. Ya llegamos, dijiste, narrabas para mí.
Llega el día, el frío, tú ya no estás conmigo, y en la playa dicen que aun se te ve pasar.
Como el río escapa, el agua de la vida, imposible siempre el poderla parar.
Y la luz del día rompe el paraiso y la suave noche con ella bailará. Y por más que el tiempo me diga que hace frío, las estrellas dicen...
Ya llegamos, tú decías, narrabas para mí. Como el río, dije, el agua de mi vida, imposible siempre el poderla parar. Y la luz del día rompe el paraiso y la suave noche con ella bailará.
Y por más que el tiempo me diga que hace frío, las estrellas dicen: narrabas para mí.