Publico muy rápido. Se ve que me aburro. La verdad sea dicha, no me aburro, no me dejo. El aburrimiento lleva a la depresión. No se puede tener un solo disgusto cuando se es como yo.
Van mil entradas en este blog. Van mil lamentos, más de uno al día. Pero pocos para los que son. Agradezco, de verdad, las visitas y esa gente que ha comentado o que ha enviado mailes para insultarme, para recordarme que mala es la vida o, incluso, pidiéndome que dejase de publicar.
A todos ellos pido perdón por no escribir para ellos.
Querido blog, escribo para ti que eres quien me comprende, tú y ese lector que en sus ratos libres del trabajo (me refiero a mí, en este caso) se dedica a releer las entradas y hacer correcciones.
A ese tal mololo o poloco o noloco o como cojones se quiera hacer llamar que, de vez en vez, le da por comentar, qué se yo, o por ponerme unas líneas por correo para decir eso de retírate, o deja de tocar los cojones, le diré que hay un camino fuera de la página y el mundo es infinito. Igual le revienta algo que escribo o se ve, quizá, ofendido en algún modo, aludido de alguna manera. Quizá sea sólo rencor que guarda por, qué se yo qué le habré dicho de más, quizá de menos… Lo que cuenta es que es tonto. Si una vez dije fue por lo que me tocaba. Hoy no te toca a ti, no va sobre nada tuyo ni una sola letra de las que escribo aquí. Deja de leer. Hay unos cientos de blogs más sólo donde vivo yo y este no tiene mayor interés para alguien de esa tu categoría personal, intelectual, sea cual sea tu calaña.
Voy, pues, viendo lo que he publicado hasta ahora, no se qué fecha tiene la primera entrada y vive dios (si dios viviera) que quizá no empecé este blog con la misma derrota que sigue ahora. Uno cambia, yo no, el alma es la misma que comenzó a escribir, pero el engrudo en el que flotamos es las más de las veces tan pegajoso que nos empluma. Uno para sí es lo que recuerda y para los demás es lo que hace, no lo que piensa. Por eso, haré aquí un esquema de lo que ha sido mi vida fuera del blog, así todos me conocerán:
Nací, fui a la escuela, luego al instituto. Inserto un flashback aquí porque antes de la escuela estuve en un parvulario en el que hacíamos hasta tercero de EGB, en cuarto pasábamos a la escuela. Luego el instituto, facultad y empecé a trabajar en Oviedo. Luego unos meses en Salamanca y vuelta a Asturias donde sigo. Mi mayor recuerdo es, evidentemente, ver pasar el mundo desde una parada de bus.