Lloraba hoy el cielo con ese rocío que en el norte llaman orbayu o chirimiri, según la zona. En veces anteriores, como estefin de semana, hizo un solazo terrible.
Mieres es una puta mierda. Da igual invierno o verano. No importa la zona por la que vayas, acabas perdido de mierda hasta las rodillas. Cuando está seco tus zapatos acaban llenos de arena o un polvillo negro que embadurna toda la cerda ciudad si es que se puede llamar ciudad a esa amalgama de pozos de dinero donde todos los demás echamos nuestros impuestos. Ahí está el sitio, muy guapo para quien le gusten las barriadas de gitanos o las mujeres pasadas de pintura… Porque, esa es otra, a partir de los quince, puede que sea un mal de este mundo, pero las mujeres se pintan a pistola. Puede que por eso tenga algo que ver con lo lleno de mierda que está.
Puede que el polvillo que hace verdadero barro en las mismas aceras no sea más que escamas de piel pintada, oculta bajo esa fachada de inseguridad, quizá es que soy raro, pero no hay mujer más guapa que la que no pretende serlo ni más interesante que la que no lleva el cartel de vendo barato y regalo conejo sobre la cabeza.
En algo echan mi dinero, quizá en pagar al pariente del tonto del alcalde, que será barrendero o la virgen, pero que no limpia nada. Y punto.
Odio ese lugar, no se si se nota. Pero estuve de paseo por allí un par de veces últimamente. La única cosa buena… Las dos únicas cosas buenas que tiene es esa explanada que hay en medio, que ocupa la mitad de la villa y donde aparca cualquiera a cualquier hora. Luego está, por supuesto, la carretera de volver a Oviedo. Pero es una ciudad de esas de relato de Stephen King que son como nasas de peces para los humanos en las que entras y no hay manera de salir. Después de dar vueltas encuentras una puñetera señal que dice a Oviedo. Sabes que al venir podrías haber salido volviendo atrás doscientos metros pero aquella puñetera señal te obliga a salir kilómetros más allá.
Y dentro... Dentro sólo hay camareras pasadas de pintura, niñas de once fumando sabe Dios qué por las calles acompañadas de tiparracos luciendo moreno de terraza. Moreno de terraza porque una cosa que pasa mucho con la gente de les cuenques es que no les gusta ni el sol de otros sitios, hablan perrerías del pueblo de al lado, de la calle de al lado, de la casa de al lado y son los primeros en llamar puta a la otra teniendo vigas por pestañas.
Quizá otra vez me vaya a Avilés que hace tiempo que no paso.
Va a ser que las minas que hubo en Mieres extraían criptonita que contrarresta los poderes de mi imaginación. Quizá fuese la lluvia que todo lo mancha y que me deprime cada final de verano. Fue que lloraba el cielo, o eso creo yo porque, mirando al parque desde mi asiento, tenía los ojos llenos de nubes.