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Otra vez

¿Lo ves? Sólo hace falta un poco de voluntad. Seguirás sin leer esto, pero ya te hablo otra vez. Me desesperé por un tiempo y aunque no entiendo lo que quieres y aunque sólo hablo yo, hablamos. El mundo quiere que estés ahí para mí y tu voz está en mi piel como están las bonanzas y secaños en los anillos de corteza de un árbol.

Y así tu recuerdo vierte mi savia cada vez que viene porque hay ramas cortadas, nudos, que no llegaron a cerrar, grietas que nadie ha sabido secar y pliegues que nadie más conoce.

Nuevas ramas, así flores, vuelven cada vez que vuelves y así se van contigo. Así recuerdo así creo en el futuro, así vivo pensando que en el mundo hay alguien de la misma madera de la que eras tú. Espero frutos de ramas secas, como antes, como el cristiano que no piensa más que en la vida aun después de morir.

Como decía el viejo León de Belfast, a veces llamo a tu puerta pero no tengo nada que venderte o, peor aún, no estás. Lo que pasa siempre por mi cabeza, que nunca hayas estado ahí como no estás ahora. Igual que no contestas cuando te hablo.

Igual que mi fantasma, pareces venir de detrás de un vidrio escarchado, un velo blanco o una nube de lágrimas. Lejos, muy lejos, como creo que verá el mundo un cuerpo que se muere, noto tu presencia y tu forma de insultarme, repudiarme, reirte de mí que te llevó a ponerme en este lugar del infierno del olvido donde nunca como antes espero un evento astral mirando aquellos peces, ¿recuerdas?...

Espero al destino, al fin, a la recompensa… Já… Condenado a lo que me merezco porque si el universo es justo, que no lo es, tú eres lo que te has hecho y yo lo que soy por lo que te hice.

Sigo pues cada día torturándome pensando qué hice mal. Y si nunca te odié bastante como para olvidarte, cada día me cebo en lo que dijiste de mí. Intento comer de ese pan malo para tragarme tu olvido.

Al final ni flores, ni ramas, ni cicatriz. Tus frutos son, mi vida, mi odio, mi pena...

Mañana habrá pasado otro año. Aun sigo vivo.