Va esto hoy de un chiste al que hoy no le vería la gracia y que me habrían contado, según recuerdo, en mis tiempos de colegio cuando iba a sexto o séptimo de EGB. Hoy me acordé de él al ver las noticias. Ayer me acordé al ver el periódico y anteayer me acordé al ver tu coche aparcado al lado de tu casa.
Resulta que en los manejos de un lavabo de restaurante, un señor con bigote se las apaña para manosear un tanto el felpudo de la puerta de su nariz cuando por accidente tenía la mano algo tocada de olores por su anterior paso por el inodoro. Se lava las manos el hombre, se mira al espejo y tuerce un poco el gesto por el olor que percibe, se ruboriza o no, pero se va y vuelve a su mesa a esperar la comida.
Una vez ante los platos, echa una cata de aire y sigue percibiendo un cierto olor desagradable aunque familiar. Etse restaurante huele a mierda, se dice para sus adentros.
Le sirven la sopa. Toma una cucharada y antes de tragar le repugna tanto que escupe en la servilleta. Alcanza a su nariz otra cucharada y la intenta oler pero rápidamente aparta la cabeza asqueado y grita al camarero que se acerque.
Esta sopa, dice espaciando las sílabas, huele a mierda. El camarero se acerca y dice que a él no le parece que… Pero bueno, la indignación era tal… Se levanta ese señor y sale apurado del restaurante. Enfadado.
Sale a la calle queriendo dejar atrás esa peste. Coge su coche, aun sigue notando el olor, probablemente sea porque lo tenga en la boca, come un chicle. Llega a su casa y aun le parece que sus manos tienen olor de mierda. Se las lava otra vez. El agua del grifo huele igual. La habitación, la cocina, todo apesta. Joder, se dice, joder que asco. Abre una ventana se asoma y toma todo el aire que le cabe en los pulmones, un aire repugnante con el mismo olor que tiene todo.
Grita: ¡Es el mundo!