
Dirán, señores, lo que quieran, pero puede que no haya mejor vida que esta. Puede que la vida sea triste sin más. Puede que la ambición sea lo que mata a las personas, como la curiosidad al gato. No es que las mate, es que las encoje. Las reduce a su mínima expresión, a perderse en su propio mundo sin salir de su cabeza.
Hay que relajarse. No hay mejor trabajo que aquel en el que lo pasas bien. Aunque tardes en prosperar, al final prosperas. Otra cosa es tener una familia y querer poder comprar cosas. Las cosas son caras y, muchas hacen falta, aparte que todos tenemos ese derecho a darnos caprichos, pero poco hay para contestar a vivir tranquilo. Tranquilidad, al final es lo que da una buena nómina, tranquilidad con la hipoteca, puesto fijo, compañeros en el trabajo.
Dirán, ustedes lo que quieran, pero por favor Dios, Dios mío, salva a George Bailey cuya mayor ambición era construir edificios y ciudades impensables pero que pudo hacer casas para que viviesen sus vecinos. Salva a George que quería viajar por todo el mundo y tuvo una cena de luna de miel delante de un póster publicitario. Salva, Dios mío, a George Bailey porque está dentro de todo el Quijote que sueña cada noche y se pega cabezazos con la realidad cada mañana al salir de casa. Dios, Dios mío, salva a George Bailey porque siempre hubo un hombre que quiso echar el lazo a la luna, poner nombre a cada ola del mar o perder el sueño y la vida por el amor de una mujer.
Sueños, trabajo, una maleta así de grande que nunca vas a usar.
Sácame de aquí, Dios, si es que has existido alguna vez. Sácame de aquí, que dice la canción: “o todo el mundo está loco o Dios es sordo“.
Estamos locos, creemos en Dios, creemos en viajes, en ciudades por construir, creemos que hay mujeres decentes, otras vidas aparte de la nuestra.
Un año acaba, otro empieza. Sólo pido a Dios que no sea peor que el anterior, que me quede como estoy. Que no nieve más y, por supuesto, que la gente que habla por la tele aprenda a decir “Meteoro”, “Meteorológico”, “Meteorología”, “Dentífrico” y un largo etcétera porque me ofende mucho que cobren por hablar, sólo por hablar, aunque digan tonterías y que, carajo, lo hagan tan mal.