Quien conoce el percal, bendita ignorancia, se sube a un avión molido de los nervios. Y no es que sea un hecho científico, es algo cerril, supersticioso. Hablamos de una industria que, como los toreros, creen que hay un Dios repartiendo suerte y no ponen fila trece en los asientos... Cualquier día un médico te echa los huesos de pollo encima de la mesa en vez de pedirte análisis de sangre.
Uno sabe que el hierro no flota y mucho menos va a volar. Allá el principio de Bernoulli, o como carajo se llame, se las apañe con sus magias. Magia negra, magia negra.
El aparato se mueve mecánicamente. Pega un empujoncito y furrún, a volar. La madre que lo parió y el estómago en el suelo. Luego en una tasca en Madriles en el telediario dicen que se la pegó otro avión, carajo, el mismo modelo del otro día. Y alguien dice, na, si son esos de nosedonde que no tienen mantenimiento. Jajaja. La risa que me da. Tú debes de pensar que el mantenimiento de un avión es como el del coche que miran el aceite, el arranque, el gas que suelta, que tenga las piezas agarradas y la chapa bien… Cagonmiputa vida, ¿sabes que hacen a los aviones? Una vez cada cierto tiempo, que será hasta demasiado a menudo, los meten en un hangar y van, pieza por pieza bajandose el avión a golpe de destornillador compresor. Y lo dejan ahí en chasis con todas las tripas desparramadas encima de mesas.
Alguien con el mismo ímpetu con el que yo me presento a trabajar a diario, pasará mirando las piezas escuchando música y… tira que libras.
Lo vuelven a poner todo más o menos en su sitio.
Si vas en ventanilla ves las chapas de las alas doblarse. Cuando entra en una zona húmeda, se bate todo el conjunto como un Setra Seida de aquellos tiempos del colegio en los que nos reíamos, carajo, pero no a nueve mil metros de altura donde el edificio más gordo parece un grano de arena.
Y si, como en aterriza como puedas, tienen instrumentos… Hijos míos… Conozco a alguno que se dedica a hacer el software para controlar aviones desde tierra y voy a narrar una anécdota al respecto. Un día aparece el tío tan pancho a que le ayudemos a programar una función para rellenar una cadena, hasta tener nueve caracteres, con ceros por la izquierda… Para los legos, diremos que esto es una estupidez muy grande, para los entendidos diremos que Dios nos coja confesaos cuando subamos a un avión. Eso es una tontería, chaval... Y respondió, dos puntos, comillas: “es que no tengo ganas de pensar”.
Pues sin pensar se vive la mar de bien. Lo malo es cuando piensas y no sabes ya dónde cogerte en el puto avión. La gente espantada de verte blanco, azul, verde…