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Noche de Reyes de 2010, el fantasma de los regalos futuros

En la penumbra, con la puerta abierta para sacar una camisa, al fondo del armario iluminando con un extraño blanco resplandor ahí estaba mirándome, el fantasma de los regalos futuros.

Puertas cerradas, pasillos que no se pueden deshacer. Miro atrás y no veo más que bosque que no se puede desandar. Surcos en agua que ya no se ven. Hilillos de humo cada vez más finos, perdidos en un aire frío y tan revuelto que nadie sabe quién sopló, quien sopla ni qué pasará.

Revolviendo en un armario me encontré tu boina. No pude resistirme aquella vez en comprártela, pensé que bien te iba a quedar, blanca como la nieve, medio encajada en la cabeza con ese pelo tan negro azabache. No pude... Ahí sigue, durmiendo, injustamente, el sueño de los injustos. Otra quema vendrá.

Quemé mis naves. Hay tras de mí un puente roto. Una vez decidí hacer un fuego y lanzar en él mi colección de cromos, ja, recuerdas… Mi colección de cromos… Dijiste que te había hecho gracia, querido fantasma, fantasma de los regalos futuros.

Un día me pillará tonto al abrir el armario, en esos momentos en que no te importa y te cargas los apuntes de tres asignaturas y se va a la calle con las pieles de mandarina y los huesos del pollo. Al vacío de la calle donde irá a parar a otras manos más desaprensivas que no lo tratarían como lo ibas a tratar tú.