Web Analytics

Beyond the stars




Comparte F... este vidrio porque él le mola la fotografía. Lo comparto yo porque a mi me mola la fotografía, la música y recordar. Me recuerda aquellas medias mañanas de verano cuando aun no tenía ni conciencia. Tenía consciencia porque recuerdo aquello, pero conciencia no.

Aquellas mañanas frescas de verano en las que la niebla se levantaba de los prados e íbamos al parque de mi pueblo a echar ratos hasta la hora de comer y luego volvíamos hasta la de merendar. No pasábamos por casa más que para comer, dormir y hacer ese par de hojas de ejercicios del vacaciones Santillana.

Hubo una vez que veíamos tan cerca el arco iris, había una lluvia fina, orballo, en el aire, humedad del Carmen. Estaba ahí, antes de la señal de fin del pueblo. Carajo, vamos, venga. Cogimos las bicis y nos ibamos llegando al sitio, menos de medio kilómetro.

Eso del arco iris es una elipse pero no lo vemos completo porque nos lo tapa el suelo. Los aviones, cuando lo ven, lo pueden atravesar. Nosotros, simples mortales sin alas estamos condenados a nunca atravesar un arco iris... Vamos tan despacio...

Pedaleamos, empezaba la cuesta abajo y el arco iris parecía mucho más cerca, más grande, claramente definido. Se iba viendo esa corona más ancha como si quisiera hacer uan mitosis y nacer otro idéntico de sí. Cada vez más ancho, más difuso y a la vez otro se pintaba y nacía de aquel. Así llegamos al sitio donde nacía el arco iris y ya no había nada. Como Tántalo estirándose para coger fruta corrimos contra el arco iris para atravesarlo, para encontrar sus fuentes y no estaban al llegar.

Hoy, cuando ya no hay dios, cuando uno no espera magia de la vida aquello, además de una tontería de niñajos, aparece como una premonición en toda vida. Correr y nunca llegar. Buscar algo y no hayar nada. Cruzar un océano y morirse ahogado en la playa.

El arco iris es una elipse pero no lo vemos completo porque nos cubre la tierra.