Te busco, es ya un reflejo en mí. No estás, no te veo y sigo escrutando y paso por donde pasaba y voy donde solía ir. Cuando trabajaba en X cuando iba a diario a Y al llegar a la estación de autobuses a la que casi no voy nunca o al pasar delante de tu parada, esperando verte.
En las noches veo de lejos algún par que otro y todas se te parecen y todas están con quienes no te merecen y siguen revolviendoseme las tripas como el primer día, tardando en tranquilizarme como la primera vez pero sin decírtelo o mordiéndome los labios como cuando te enfadabas por decirte lo mal que me lo hacías pasar con tus caprichos, con las ventajas del resto, con mi agravio comparativo y mis locuras de celos, que sigo teniendo y que no dejaré.