Me voy a cagar en Dios, es la frase del día.
Hartos de posts como este andarán los blogs esos de la internez. Sobre todo este. Uno escupe en el mundo, aunque ahora te pueden hasta multar, me cago en Dios.
Por un post como este en Irlanda, te buscan las cosquillas ya de oficio. La blasfemia ha pasado de pecado a delito cosa muy absurda pensando que no hay ninguna religión que no sea blasfemia para el resto. Por eso los estados, las leyes que rigen el mundo, tienen que ser aconfesionales, me cago en Dios.
Lo digo poco, debiera decirlo más. De hecho hoy lo dije de viva voz, y hacía siglos, para largarme del trabajo. Me largué, di portazos, me enfadé y volví a casa conduciendo enfadado sin poner música a ciento y la madre contra el viento racheado que desviaba el volante. Cortando el aire con el cohete ese que tengo por coche, me cago en Dios.
Y llegué a casa rebotanding, como no. Y aun me acuerdo. No puedes llevarte alegrías en el trabajo, pase lo que pase, por alto que saltes, siempre hay otro muro detrás. Y encima, acabas a tiempo no se qué, parece ser que hay que entregar mañana y te insultan. Te apuras todo el día para esto. Me largué con todas las de la ley, habiendo cumplido con creces mi horario laboral. Me cago en Dios.
Pfffffffff, tan pocas balas.
Al salir, el mundo. Recordar. Dentro estás distraido aunque lluevan hostias, fuera estás otra vez en el mundo y el mundo es una mierda. Recuerdas que eres mortal, que tienes treinta años o, más bien, que los llevas perdidos y me cago en Dios.
Y aun te dicen al salir que si la mujer dice que llega enfadao pa casa. Silencio de momento, escupo el chicle. Recuerdo otra vez, siempre recuerdo querer tenerte al lado como cuando “ascendí”, cómo quería contártelo.
Tú que la tienes, grité, me cago en Dios.