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No tengo corazón

No tengo corazón

Lo reza una canción, no me acuerdo quién la cantaba. Un grupito de pop español de aquellos años del instituto que me pasé encerrado estudiando para nada.
Hoy tocaba arqueología como toca siempre. Paré por mis sitios de estudio, más bien por donde iba a clase. Revisé aquellas piedras, aquellos ladrillos y no eran los mismos. Supongo que hoy llevaba la barbilla un poco más alta y todo me parecía más pequeño. Iba paseando y no tardé ni tres minutos en patearme todo el campus. Puta mierda de sitio. Puta mierda de vida.

Me di la vuelta de turno por la escuela de X. Sigue siendo tan rara. Y me paré y pensé, cosa que a veces hago, que iba a esperar que escampase un tanto lo de nevar para echar adelante lo de largarme pitando de aquella casa de fantasmas.

Viendo aquellas piedras, aquellos ladrillos, frío hormigón y cemento manchado todo con una extraña herrumbre y la poca luz, que sí reconocí como propia del sitio, pensé en aquellas gentes de la historia en la que siempre hay alguien que piden a sus albaceas como deseo el que en tal o cual punto se les entierre el corazón. ¿y tú, le dije al mío? Alguien me miraba extrañado desde el fondo del hall.

¿Y tú, dónde quieres que te entierren?

No respondió. Mi corazón no estaba ya. Puede que se haya ido pronto a dormir hoy. Pero no, sólo hace falta tener una noticia nueva, una imagen, un texto. Puta mierda de vida, como si no hubiese cosas para ver, para sentir, que tener taquicardias por una gilipollez que no se siquiera cómo me hace sentir.
¿Cómo me hace sentir? ¿Por qué mal? ¡Qué sé yo! Explícamelo tú. ¿Por qué mal? ¿Por qué no se perdonar? ¿Por qué no vivo? ¿Por qué no sé distinguir odio u olvido, pesar de pensar?

Sé de qué hablo.

Salí para irme. Mucho frío. ¡Ptchu! ¡Porca miseria!