
Nariz pequeña, barbilla redonda...
Guapísima sin proponerselo, sin llevar la ropa ajustada ni descocarse, sin enjarretarse delante de cualquiera ni pintarse ni rearreglar el pelo, sólo lo lleva puesto.
La cara extraña, con ojos separados y nariz diminuta, con personalidad, redonda como la luna, roja como el sol cuando amanece llovido. Cabellera otoñal de la primavera de su vida.
Y yo rumiando dolido porque nunca he escuchado su voz.