Volví a la facultad, volví a ver aquello. Es como cuando me dio por darme un paseo por el colegio y todo parecía tan pequeño, nada estaba en su sitio o, incluso, la luz era de otra manera.
Había pasado más veces por allí, pero esta vez entré. Todo parece indicar que este año estoy decidido. Llevo meses en conversaciones y con una aplicación en el mercado sólo hace falta lavarle la cara y un par de ampliaciones. En las próximas semanas espero poder tener finiquitado el desarrollo y un par de tutoriales online.
Mucho antes de junio tendré el proyecto terminado. Si el director no quiere adelantarse, dará migual, iré a septiembre.
Con toda probabilidad y dado que no quiero aburrirme y prefiero últimamente sacrificarme antes que pasar ratos mriando atrás, continuaré con mis estudios. Está por ver, pero me hace cierta, poca, pero cierta ilusión. Aunque sea, ya digo, por pasar el rato. Pero...
Pero odio tanto aquel edificio. Odio tanto a aquella gente, ahora son otros, pero parecen los mismos. Aquellas mujeres, altas y bajas, guapas o feas. Los profesores, los coches de la calle. Los árboles de la entrada, la fuente a lo lejos. Papeleras, el prao de al lado. El porreta hilando sentado en el pretil. La parejita besándose amarrados en la puerta y yo, y yo envidiando el aire que tú tosías, las piedras que pisabas en el desdén de tu andar.
Un día estupendo y parecía llover a cada paso.
Veremos.