Imperdonable... Pero ya que dan a elegir que te estafen por una San Miguel o por una Heineken, al menos pagar la de importación que igual a ellos les sale por tres o cuatro céntimos más.
Por lo demás, parece esto muy guapo a pesar de las putas cuestas. Allí donde se cansaron de poner cuesta empieza una escalera y todo es subir y subir. Subir y perderse porque el terreno se empina tanto a veces que hacen la cuesta del burro en zigzag y de una calle sale otra que es vecinal pero tú no lo sabes hasta que haciendo un zag te das de morros con la puerta de un garage.
Sales de la oficina y ya ves barcos, bruma y mar... Solazo y viento fuerte tocó esta semana. Aun no me he dado un paseillo largo, que tiempo habrá, para ir a ver toda esa parte nueva del Sardinero o las playas. Los días se van alarganding así que, por mucho que vaya a presionar el proyecto aun tendré alguna horilla para irme a mirar los sitios.
Pidieron una caña delante de mí y les sirvieron un vaso de los que toda la vida tenemos en el armario de la cocina sobre la encimera y que siempre me pareció más pequeño que una caña, quizá sea manía mía porque sus treinta y tres centilitros tendrá. También vi servir cerveza en un vaso de chato de vino, cagonlapus, ¿cómo llamarán a eso? ¿culín de cerveza? Aunque aquí dicen "tierruca" en vez de "tierrina", así que colijo que se llamará "culuco de cerveza".
Pedí una cerveza, me dijeron las tres que tienen y me decanté por la Heineken que no es de mi especial agrado pero era la mejor. Eso sí, me pusieron un platín con patatas fritas calientes al punto de ajo. Dos patatas fritas calientes al punto de ajo. Cuando digo dos, digo dos trozos: Dos trozos de patata caliente al punto de ajo. Tan ricas les parecieron a mi paladar como escasas a mi cartera. No es que sea un rata, que igual lo soy, pero es que me cobraron dos cincuenta por una Heineken cosa que no les voy a perdonar nunca en la vida. Aunque, bien visto, igual en Oviedo se le cae un brazo a un regente de bar antes que soltarte unos cacahuetes.
Haya salú.