Web Analytics

Hormiguitas

Somos bichos, hormiguitas que ocupan un puesto en la cadena. Otro ladrillo en el muro.

Somos animales que se mueven por el hambre y la necesidad. Por la necedad del dominio territorial, por la angustia vital de tener conciencia y no saber para qué usarla.

Nuestro cuerpo, lo que somos, disculpaba el comentario. Hablando con un colega sobre un tercero que anda alicaído porque le dejó la novia, salió la filosofada alcohólica de turno. Es que no es vida, decía, lo mejor es irse de putas y quitarse el vicio. Somos carne, ¡carne!. Somos animales, insistía, tenemos hambre y comemos. A qué cojones te vas a juntar por ahí con cualquiera de la que no sabes nada cuando por lo menos tienes precio por hora en los anuncios.

Tengo vago recuerdo de la conversación y la adorno en lo que puedo.

Voy de putas, continuó, ¡y qué!. A ver si va a ser mejor que yo el banquero más decente que quita la casa a un pobre trabajador y luego confiesa el domingo. Ojalá hubiera Dios, que fijo que acababan en peor sitio que yo.

Diluida la charla, se volvió al tema. Probablemente sea mejor experiencia la de él, dije. Y una polla contestó. Hizo una pausa, quizá recordanding alguna experiencia en la que quiso meterse, o en la que entró y de la que salió escalfado. Si tienes hambre, comes, decía. Si tienes sed, bebes. Y aquí estamos tomando unas cervezas "pa esparcer" (no se escribir eso en castellano). Tengo, continuó, dinero ahorrado para matarme a polvos y ni puta la necesidad que tienen estos de follar a diario.

Habría que verte a tí si fuera gratis, dije yo.

Ni aunque me pagaran, chaval, trabajo moviendo pesos, fregando suelos... Más de ocho horas al día y maldita la gracia por buena que esté la parienta, de llegar a casa y que se te arrime. Cagondios. Tápate, niña, que hoy no tomamos ni el vermú.

Así salió la cosa de que las mujeres tienen bien cogido el toro por los güevos. Que se dieron cuenta de que esta vida es una vida y sólo una. Que somos bichos. Y han llegado hasta ese cierto punto de liberalidad, esa extrema exaltación del civismo o de la libertad a la contra de su imagen y pasando sobre el corazón del prójimo, con la que pueden hacer lo que quieran cuando quieran.

Machista me llamarán.

Libertad, como en aquella película, La esclava libre, creo que se llamaba. En la que la negrita que hacían libre tras la guerra civil de yankys contra sureños, gritaba que ahora era libre, que ya podía beber hasta emborracharse. Así, el ser humano cae tan bajo en cuanto puede. Bajo o alto que para gustos aun no se ha escrito guía y muere cada cual bajo su sino. Así la fe del converso lleva al extremo. Así cuando se convierte un país comunista a la democracia o emigra un cubanito al continente se vuelve más facha que Franco...

Así, insisto, así se ven perrerías entre gatos y gatas a ver quién muerde más y más fuerte, a ver quién pega antes. A ver quién ahonda más el anzuelo para poder tirar... y soltar cable... dar de comer y desgarrarse las entrañas.

Así se ven esos absurdos realces y subidas en pedestal de madres solteras (que también hay padres solteros pero menos gracias a la injusticia que campa en los tribunales) cuando, tirando por lo bajo, ochenta mil años de civilización nos han dado la vida en pareja.

Quizá soy un recalcitrante, quizá veo la vida con envidia de quien tenga una. Quizá no sea nada para nadie y, como dijo aquella, quisiera más morir que tener un cumpleaños tan triste como el que voy a tener. Sabe Dios, de haberlo, que con todas las células de mi piel deseo que haya. Pero esto no funciona.

¿Qué fue del caballero y la dama? Que no hace falta que las damas sean las bobas de las películas pero puta falta hace que todos seamos tan, tan malos. ¿Qué fue del bien hacer? ¿De las costumbres? ¿Qué se hizo de esas parejas que veo por la calle con ochenta años, impedidos del andar, del vivir, pero que van de la mano?

Esa gente que se mueren de pena cuando uno se va. Esos que no se sobreviven un mes en el infierno del mundo porque no hay mundo que vivir sin contarse las tonterías diarias. Eso es la vida, charlar de a quién ves en la panadería o lo que te contó tal o cual. Esa vida de lo que me hicieron en la peluquería. El roce que ya no es sexual ni quiere serlo para alguien como yo al que ya no le gusta el sexo, quizá por descubrirlo como no debe.

Así la vida, así las cosas. Así este mundo que se pudre desde la razón que un malvado quite de La Evolución nos dio y ni Dios nos quita, terminan por sumir a uno sólo de los mortales en estas pesadillas diurnas que nunca acaban bien.

Quiero pensar que haya un tú, que haya una vida, un nosotros. Quiero pensar en suicidarme como Buster Keaton, como aquella película de los Monty Python. Quiero dar sentido a la vida como mi colega, o juntando mis dos colegas, quiero gastarme el dinero en ti, todo en ti, en tenerte contenta y a bien, que no te escapes con otro por mas guapo que sea, y que me mates a polvos...

Aunque si no me matas a polvos, también me vale pasear de tu mano a treinta años vista.