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De las edades y la inteligencia

Acabo de ver este vidrio del que entiendo que son dos gatos de la misma raza y en el que creo que el más viejo es el que más melena tiene. Coincide que el más viejo también es el que no se limita a tocar el ratón cuando se mueve sino que llega a predecir, o intentarlo, el movimiento del bichejo fuera y debajo de la pantalla.

No se cómo concebirá un gato la magia de un aparatito de esos. Para él, que desaparezca el bicho bajo su zarpa es un suceso completamente antinatural aunque se olvide de ese hecho en cuanto sale el siguiente ratón.

Me ha dado  por pensar que la edad tenga algo que ver en todo eso del inferir reglas de comportamiento. Recuerdo que un gato que yo tenía, le señalamos un ratón y al verlo echó a correr, cuando el ratón entró por detrás de una maceta el gato le cortó el paso por el otro donde acabó en su boca sin remisión.

Además los gatos son muy sádicos, no se comen a sus presas cuando viven en una casa. Cuento esto como anécdota. Como están saciados de comida, quizá se zampen lo bueno del bicho que es la cabeza o lo que más les guste que puede ser cualquier parte o, incluso, ninguna parte, símplemente lo matan no sin antes hacerle pasar el tormento del juego. Porque hay gatos que de adultos casi no quieren jugar con el dueño, pero cuando tienen una presa en mano... Juegan con los ratones, no con los pájaros. A los pájaros les dan el quite de pescuezo en seguida, aunque acaban igual, sólo comen la cabeza o lamen un tanto la sangre... O los despluman no llego a saber por qué. La cosa está en que las presas de un gato casero acaban en el portal, cagonlaputa. Una cabeza de ratón, o un ratón sin cabeza, o una rata enorme con el pescuezo destrozado. Una paloma y mil plumas, un gorrión ensangrentado... Encima, cuando dejan el regalo, que entiendo que eso intentan, se quedan allí esa mañana para ver qué haces con el bicho. O peor, se quedan allí dormitando sin mayor ilusión por lo que pueda pasar, te miran con los ojos entrecerrados. La madre que te parió, la de plumas, la de sangre, etc. Y el tío tan pancho, tan chulo, como diciendo, mira lo que hago por la casa.

Ahora aparte, a lo que iba.

¿Qué pasaría si con la evolución de la inteligencia, del pensamiento abstracto, ocurriese algo como esto? No digo qué pasaría, digo que quizá tenga yo razón en pensar que, una vez, los adultos humanos lo eran con edad temprana porque el pitecántropo de los güevos no viviría más de N años y esos N serían quince o veinte. Sería adulto a los cuatro o menos. Viviría plenamente hasta los trece o menos. Y no alcanzaría los veinte si no se cuidaran de él.

Quien dice veinte, dice cuarenta, da igual. La cosa está en que el desarrollo de la inteligencia que hoy requiere en un niño quizá siete u ocho años. No nos engañemos, aparte de la cerveza que podamos habido tomar, borrando zonas de memoria que ya no teníamos ni en cuenta, todos tenemos una nube difusa desde el nacimiento hasta ciertas edades y ni con esas. Aun en ese momento ya tenemos el juicio de pensar que tal o cual es más o menos ingenuo, listo, tonto, discernir realidades de ficciones, etc. Pero todo eso que ahora tenemos como adultos, cuando el lenguaje no era tan abstracto, debería de llevar mucho tiempo de una vida.

El aprendizaje sería más técnico que teórico y quien enseñase sería alguno de los ancianos. Los ancianos tendrían el recuerdo de dos generaciones y la única inteligencia lo suficientemente abstracta como para politizar, organizar, enseñar, reaprovechar, en fin, la carne del grupo.

Mi abuela decae. Estos últimos meses, quizá el último sólo, ha perdido movilidad y capacidad cognitiva hasta el punto de tener que ayudarla a todo y que no parezca discernir realidad de sueño. Despierta de un sesteo de minutos creyendo que han pasado días enteros. ¿Cömo explicar esto?

¿Cömo explicar esa teoría mía de que la evolución pudiese dar la inteligencia al viejo y quitarle la comprensión del mundo después? No es muy dificil.

Si tengo razón. Desde la aparición del lenguaje abstracto y la convivencia en manadas mayores, en pueblos, en culturas, habrán traído el aprendizaje social. El que los viejos impartieran su saber y el que los jóvenes cada vez despierten sus mentes a edades más tempranas. También habrá traido el que las niñas de once o doce años, en vez de jugar a la pelota y la comba se dediquen a chuparles la polla a los chavaletes de quince... Pero eso es otra historia que ya contaré algún día...

Conservamos el saber de los ancianos, y despertamos antes gracias a ellos. Pero no podemos vivir tanto. Una vida de trabajo físico, de desgaste por dietas calóricas. Una vida de operaciones y medicinas. Terreno que ganamos al mar, tiempo ganado a la muerte, pero siempre devolvemos lo que no es nuestro y pasaremos a ser una nube de gas quemando en el fondo de una estrella. Vivimos demasiado (para mí demasiado poco) para lo que soporta nuestra carne y perdemos en la vejez la inteligencia del anciano. Me gusta distinguir entre estas palabras, pienso que no es lo mismo ser anciano que viejo como no es lo mismo ser moderno que modernista, ser élite que elitista, por ejemplo.

Y así paso los días, distraído en el trabajo, meditando sobre la naturaleza del ser o mis miserias cuando el trabajo no me distrae...

Y así vienen días, nacerá un sobrino un mes de estos, alegría de mis padres que yo no se como tomarme cuando soy el que piensa que nacer a alguien, si es que se puede decir nacer, quizá mejor "hacer nacer" a alguien es un asesinato cuando todos nacemos para morir.