En esa mala hora en que uno despierta, en el mal momento de despertar, hoy me he acordado de ti. El último sueño hablaba de ti, salías en él. Una vez despierto uno no sabe quien era pero en el sueño, aun no siendo tú, sabía que eras tú.Como hacía tiempo que no te escribía te pongo la letra hoy. Que sepas que se que estás bien. Que sepas que se. O no lo sepas, poco importa. Escribo para Pepito Grillo que soy yo, yo leo, yo releo y nadie más. Yo quito y pongo, yo invento y padezco. Yo se y me basta: Hice lo que hice por consciencia “moral”, no católica, no cristiana, no religiosa, moral matemática. Moral absoluta y objetiva… Mi imaginación me invitó a pensar que “nosequé” podría hacerte daño y pensé… E hice.
No existes, no eres, eres todas y ninguna. Es el mundo. Cada una que conozco tiene el nosequé de ti. Cada vez que miro una de estas cuatro paredes de la celda desde la que escribo reconozco patrones de tus ojos en las arrugas que dejó la tirolesa al esparcir el yeso pálido y estéril, quizá sea eso lo que me recuerda a tí. Y cada vez que te veo se para el tiempo y todo lo que me rodea deja de existir. El mundo pasa a ser una sopa de ruido y color gris para aparecer tu concepto centrado en mi sentido. No hay fondo. Y despierto otra vez a la triste realidad del mundo sin vida, con muerte, con dolores, pena y hambre. La vida sin ti.
Así todo cuanto hago se dedica a distraerme cada palabra que dirijo. Cada palabra que dicen. Cada tarea, cada canción nueva o vieja… Y es que no me canso de decir que el mundo estaba hecho para tenerte dentro porque no hay humo de cigarro que no se ondule como tu pelo ni doblez de carretera que no se incline como lo hacía tu espalda o canción que me gustase, que nos gustase, que hoy no tenga semejanza con cualquiera nueva que llegue a mi oido. Que me recuerde todo a ti no es vida.

La vida por la que trabajé no es esta. Tanto que di, tanto que prometí tanto que dabas, tanto que no vi. Aquellos paisajes que pintamos los dos, que no soy tan tonto para creerme que sólo yo era quien pintaba… Aquella vida que creí tener y que ya no.
Siempre hay una mala esquina, un mal paso, un error. Y siempre hay ahora un adelante que no es más que un espejo, una ventana al yo o al pasado. Un paisaje desierto donde tú cuelgas como en un cuadro de Dalí, con la carne blanda olvidándose, cayendo a los lados de la vana sujeción del recuerdo. Un mundo donde el recuerdo impera, creado en el segundo antes de que el tintineo de las llaves del pintor caigan sobre el vaso que sirve de despertador a su vana siesta. Vano sueño, inútil mundo, fétida carne mortal, crepuscular vida sin sentido.
Te pongo letra otra vez porque sólo letra eres ya, sólo pasado escrito. Te pongo la letra que conoces, mundo, tierra, mierda, dolor, carne muerta, pasar y pesar de este mundo. Girón de memoria que no merecía estar ahí tanto tiempo. Que no merecía haber durado tanto ni marcar tanto.
Pues igual que uno no ve que sueña, porque no quiere verlo, porque soñando es más feliz, porque cuando el llavero te despierta aún tienes en el sueño un instante para arrepentirte de haber dejado las llaves justo ahí para despertarte, porque es muchísimo mejor pensar que sí a saber que no.
Soñar, soñar, sólo soñar una vida. Pasar la vida soñando. Soñar que aún corro por aquellos parajes que son tu cuerpo aun cuando ya se que son puro desierto, seca arena, espejismo del pasado ante mí. Soñar que vuelo como de niño.
Y aun así cada vez que creo verte de lejos tengo que respirar hondo y tragar saliva, bajar los ojos y preguntarme si de verdad eres tú, entonces se para el tiempo.